domingo, 23 de octubre de 2016

Esfumado de lluvia


La lluvia siempre revela misterios, será porque nunca suena igual, ni moja de la misma manera, ni se presenta de similar forma, o tal vez es porque con ella llegan historias de gente que sabe danzar bajo el agua. Fue en el instante en que pensé esto, cuando se dibujo en mi mente el recuerdo de mis vecinos del edificio Ocho cuarenta. Ellos siempre saludaban con cortesía y tenían la ocurrencia de convidar dulces al vecindario, así como relajar el espíritu haciendo meditación y viajes astrales.  Solía confundírselos con una sola silueta, aunque eran dos y en tiempos de tormentas abrían los postigos de sus puertas y ventanas para ver cómo danzaban las lluvias tras el vidrio mojado.
Tenían la osadía de desconocer el paso de las agujas del reloj , y era de ese modo como llegaban tarde a sus labores cotidianas, empleo y estudios, Pero ellos no tocaban de oído los sucesos del mundo y se involucraban con cada acto en defensa de lo injusto. Los recuerdo tanteando las paredes de los amplios pasillos para jugar al mundo de la oscuridad o riendo a carcajadas por zonceras. Eran dueños del mundo, sus rostros alegres reflejaban ello. Ni aún frente a los aguaceros usaban paraguas : amaban la lluvia como agua que bañaba el repiqueteo del amor que se profesaban. Hubiese deseado preguntarles por la desnudez de sus sentimientos o por la razón que semejaban ser una sola persona cuando caminaban por la acera con el paso risueño de los enamorados. Lástima que un día se cerraron las puertas de su pequeño departamento y todo quedó como congelado. En pocos meses murieron las risas, los dulces y la silueta compartida en el vecindario. Dicen que la lluvia los sustrajo y que sus nombres se los tragó el agua.
A veces siento que los despierto con el recuerdo y que ellos viven en la memoria de las lluvias mansas, aunque todos en el barrio comentan que los habían esfumado…


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