martes, 15 de noviembre de 2016

Poe mental



Estaba sentada sobre el lecho. Tomé la pistola y le apunté a la cabeza. Me miró con coraje. Yo también a él. Observó mis dedos en el gatillo, yo reparé en su instinto. Pudo huir y no lo hizo. Apunté a su pecho. Me miró nuevamente con valentía. Pudo huir y lo hizo. Finalmente disparé. La bala hizo añicos el espejo. Un aleteo sobrevoló mi testa: sentí su aroma rancio. Tras la ventana lo vi alejarse. Siempre vuelve por mi, soy su comida favorita. Llevo centurias queriendolo matar, y él, sagaz, se instala en mi mente. Asi de eternos son los pensamientos nefastos, como un cuervo que vive, carroñero, a la pesca  de su mejor presa.

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