domingo, 9 de abril de 2017

Licuando el tiempo











Es un diálogo interesante entre el pasado y el presente, pensé, al momento de  mirar el relieve realizado en mármol del  “
Museo Nacional de Arqueología de Atenasque muestra a un atleta griego haciendo juegos con una pelota, alzando el muslo. Al lado  hay un niño como asistente, aprendiz o no sé qué cosa, observando. Esa imagen me habla de la Grecia antigua, allá por los tiempos en que  los griegos seguramente jugaban una forma de fútbol, ya que el juego era popular en las calles de Roma. Y dicen que la pelota de ese atleta era inflada. Como si fuese hoy mismo, mostrando  la imagen de un jugador de fútbol y su hijo, o el más grande de todos los tiempos haciendo que lo imposible fuese posible ante la mirada absorta de cualquier niño que con él se cruzase. Y reparé nuevamente en el grabado de hace milenios en donde el atleta aparece desnudo y concentrado. Y pensé en alguno de los nuestros, más precisamente en el que más emociones me generó. Y claro que recordé el cabello enrulado de Diego, y su baja altura, y sus piernas robustas, y la zurda y el tobillo inflamado, y la quebradura  y el corazón chorreando lucha por la camiseta y los goles inexplicables. Y me dije: es posible en cualquier tiempo asistir a los dioses cuando se es un fenómeno en cualquier área. Y en ese maremágnum de recuerdos, deduje que el mejor de todos los tiempos, también jugaba desnudo, así, sin máscaras ni atuendo que lo limitase.
Luego me puse a indagar acerca de la antigüedad y sus pasiones y hallé a Nike la diosa alada que porta laureles en su testa, cuyo nombre significa Victoria y  que presidía las competiciones atléticas apareciendo  su imagen muchas veces  en manos de algún dios superior como Zeus. Y claro que tuve el impulso de asociar ideas para comprender pasiones. Y nada es casualidad, ni siquiera los sponsors  o la ropa deportiva.
Y volví a observar  el generoso relieve que aún permanece vivo y el pensamiento me llevó hacia  los dioses olímpicos y recordé “la mano de Dios” que le hizo el gol a los ingleses y sonreí por los apodos que supimos concebir:  El 10 ,,Barrilete Cósmico, Pibe de Oro,  El D10S  y como por arte de magia supe que el tiempo se licuó.  Y tanto en la antigüedad, como en este tiempo o cualquier remoto tiempo, fue, es y será posible, de tanto en vez, bajar algún dios menor a Tierra para jugar al juego de las pasiones y sufrir, amar y enojarnos hasta lanzar lágrimas compartidas cuando  los laureles cantan victoria o cuando nos dan la espalda.






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