domingo, 29 de enero de 2017

Grito


Desborda
la figura,
sobresale
de la carne
y se instala
áfono
en la memoria
de la noche
que reaviva
el duelo
entre el grito
y los silencios.
El erizado
recuerdo
corre veloz
y se hace eco
para detenerse
a la vera
de otros gritos
ya muertos.

martes, 3 de enero de 2017

Doce sillas



Eran doce asientos, bien dispuestos uno al lado del otro. Las cabeceras serían ocupadas por los anfitriones y el resto sentado a piacere. No me gusta el bullicio, traté de buscar una silla especial para mi fobia, de esas que no están ni cerca ni lejos de los demás. A punto de hallarla vi como una chica de pelo largo y lacio se ubicaba en mi silla elegida. Opté por otro asiento, y compartí la velada lo mejor que pude. El brindis por el nuevo año no se hizo esperar y en la campanada doce todos alzamos la copa y nos sorprendimos del corte de luz. El jolgorio inicial se tornó en otra cosa,: misterio y sorpresa, pero en un santiamén aparecieron varias linternas de los teléfonos y volvimos a vernos los rostros. Brindamos y salimos al patio para alzar la vista al cielo: los fuegos artificiales ocuparon nuestros sentidos. Sacamos fotos y a la media hora retornamos al comedor,  todo hubiese sido anecdótico, un simple hecho. Pero no fue así. No encontramos a la chica morocha de pelo lacio, en realidad me dí cuenta porque ella había elegido la silla que a mi me gustaba. Pregunté por ella y vi la cara de asombro de todos
         —¿Qué chica? ¿ De quién hablas?
         —De la morocha de pelo lacio…
         —No hubo ninguna con esas características entre los invitados.
Confieso que me dio un ligero temblor y recordé la fotografía sacada con el teléfono celular al momento del brindis. Fui a la galería de fotos con cierto aire de : ya van a ver… Miré una por una y la mujer en cuestión no estaba en ninguna foto y es más, la silla estaba vacía. Me quedé como suspendida en el aire, un fuerte dolor de pecho se apoderó de mí y sólo sé que después de un par de horas también mi silla quedó vacía, hasta que en la madrugada la volví a ocupar.. Tampoco sé muy bien si estuve donde creí . Es que en las noches de amor y encuentro familiar lucho por volver a estar, como la chica morocha de pelo lacio que me recuerda a mi abuela cuando era jovencita. Solo la intuición me hizo saber que las dimensiones suelen cruzarse cuando brillan las casas con amor.