jueves, 24 de mayo de 2018

Entre lo fugaz y lo perenne


Transcurre
el cielo celeste
apoderándose
de los techos.
En ese manto,
suma de infinitos
y misterios,
la palabra
se extravía
en el silencio.
¿Será que la boca
del tiempo
habla con hechos
o tal vez
desde las alturas
la fugacidad
se pierde
para acuñar
perennidades
entre recuerdos?

miércoles, 16 de mayo de 2018

Falacia inmortal

El tiempo
dilata
los instantes
o los contrae
a la medida
de cada uno.
El tiempo
nos captura
nos exprime
nos engaña
nos abandona...
Dime viajer@:
¿cómo deshojas
la huella
de la esperanza?
Muere el instante
la noche
el día
el alba
para florecer
inextinguible
mañana.
Más allá de eso
es necesario
un trozo de falacia
en las fauces
de la propia fragilidad
para adormecer
la muerte
e invocar
a algún sueño
que nos mantenga vivos
porque sí,
así, sin más.

sábado, 5 de mayo de 2018

Un cuento en quince palabras- Paradoja



El arquitecto cometió el error de construirnos efímeros con deseos de eternidad. Así nos entretuvo...

miércoles, 2 de mayo de 2018

Misterios y prodigios ( el privilegio de la Tota)

Misterios y prodigios ( el privilegio de la Tota)
Llovía fuerte, era una tarde de poca esperanza para el partido de práctica. La cancha embarrada y el agua que caía impiadosa, sin miras de amainar, nos negaba la posibilidad de cualquier juego al aire libre. Igualmente mis hermanos quisieron ir al Club, y como esas cosas que impone el destino, no tuvieron otro remedio que llevarme porque yo había llorado toda la mañana de aburrida.
Con evidente fastidio mi hermano mayor tironeó de mi hasta llevarme a mil por hora por la calle de tierra. Mis botas de lluvia eran poderosas, no solo permitían que mis pies húmedos navegasen dentro de ellas, sino que además eran como las de los pibes del club. No había distinciones, y esa característica me daba la certidumbre de que en algún momento se jugaría un partido con botas de goma, y yo tenía mi par. Claro que nunca sucedió, pero las ilusiones son como esa calesita cuyo calesitero es el mago que nos dará la sortija.
Yo hablaba y hablaba acerca de mis derechos y de que si jugaban adentro del salón principal me dejasen hacer de aguatero. Pero, mi hermano me dijo muy serio mirándome a los ojos “ Hacé como la Tota, acompaña en silencio” . Y claro, quién no sabía quién era la Tota, todos sabíamos que era la madre del “barrilete cósmico”, la madre de “D10S”, y que me comparase con ella hizo que mi boca se cerrara.
La verdad es que nunca se sabe cómo se mezclan un óvulo con un espermatozoide de un genio del fútbol. Aún hoy me gusta pensar que es una danza en el misterio donde hay alguna pelota que se cuela en el momento de procrear, como si fuese una relación de tres para dar vida a un ser especial.
En aquél momento también pensaba que ser un prodigio era uno de los misterios humanos imposibles de dilucidar. Pero, la niñez es ese libro que hace posible lo imposible y que juega a la verdad con una mentira.
El caso es que fue una tarde diferente, los pibes estaban malhumorados. La única pelota con la que contaban para jugar adentro, en un salón de apenas veinte metros cuadrados, no aparecía. Y es más, no apareció. Yo permanecí callada, como me pidió mi hermano, y de tanto en vez hablaba sola sin que nadie me escuchase, o mejor dicho, sé que alguien me oía. Y mientras acariciaba mi capa de lluvia, hinchada de embarazo futbolero, traté de que no vieran que mi panza escondía la redonda. Cuando llegó la hora de irnos a casa, fui corriendo al baño y dejé la pelota que estaba en mi poder adentro del lavamanos. Y me fui chapoteando la esperanza de haberle hecho cosquillas a mi prodigioso embarazo, como la Tota, después de todo ella fue la primera que lo sintió al D10S patear.
Ana Caliyuri
escritora