miércoles, 31 de octubre de 2018

Poesía para ir lejos




Caminamos
en las espaldas
del cielo
a instancias
de  pájaros
que gorjean
sus silencios
como la región
que navega
en el día
la noche
de las ideas
Y es entonces
la poesía
un refugio
Y una voz
que se eleva
con la libertad
en la mano
lejos
muy lejos
de la indiferencia.

lunes, 29 de octubre de 2018

Narrado por mi-Infinitas gracias al programa Parnaso por el espacio que le han brindado a uno de mis cuentos. En el minuto 36 se puede ver. Gracias infinitas Zoelia Del Carmen Frómeta Machado



Infinitas gracias al programa Parnaso por el espacio que le han brindado a uno de mis cuentos. En el minuto 36 se puede ver. Gracias infinitas Zoelia Del Carmen Frómeta Machado


https://www.facebook.com/SistemaZacatecanoDeRadioyTelevision/videos/579894615777667/

sábado, 27 de octubre de 2018

De sedientos y otras aguas


Leo Stradis era un hombre desencantado de las palabras. Había acuñado la teoría de que ya estaba todo dicho, todo sabido y todo escrito.
Vivía en un poblado cercano a un brazo del río Limay, y aunque le gustaba mojarse los pies a la orilla de ese brazo prefería evitarlo por si le ocasionaba un resfrío. Por las tardes tomaba su mochila cargada con una botellita de agua, dos frutas y salía al aire libre en busca de alguna boca con quien charlar. En verdad deseaba corroborar que los años que otorga la vejez dan un cierto aire de sabiduría.
“Los libros dicen todos lo mismo, las historias se parecen y los sentimientos no cambian” decía en reuniones de amistades ante quien quisiese escucharlo.
Aquella tarde de septiembre el sol estuvo más fuerte que de costumbre. Para colmo de males al subir por una senda escarpada, como lo hacía siempre, se resbaló y tuvo tan mala suerte que al caer rompió sus anteojos. No se inquietó demasiado al alzarse, pues de lejos veía bastante bien y no los necesitaría pues conocía de memoria ese paisaje.
A medida que caminaba sintió calor y deseos de beber agua. Se sentó sobre una piedra para abrir su mochila. Los dedos se le trabaron al querer abrirla. Se maldijo por ese mal hábito de anudar tres veces el cordón superior. Tanteó los bolsillos de su campera buscando los anteojos de ver de cerca y recordó que ya hacía meses que no los usaba. No había mucho que ver ni leer. Sintió sed. El sonido del agua del río le murmuraba que estaba cerca de llegar a destino y podría aunque sea remojar sus manos y cara. Intentó nuevamente abrir la mochila, al apoyarla sobre su pecho se dio cuenta del olvido. El espacio que ocupaba la botella de agua estaba vacío. Una mueca de fastidio se dibujó en su cara. No le quedaría más remedio que ir hacia la orilla del río, allí generalmente había niños pescando y con seguridad tendrían agua para tomar.
Con esfuerzo, caminó por más de media hora hasta que avistó el agua y un par de niños jugando. Respiró aliviado. Se aproximó a ellos.
—Hola chicos, vengo caminando desde el pueblo y me olvidé de traer agua. ¿Tendrían un poco para darme?
Aukan y Nahuel lo miraron con curiosidad.
—Acá tiene todo el agua señor…
Leo Stradis se sentó a la orilla del agua esperando la botella, pero los niños entraron al río con sus pies descalzos y mientras se divertían viendo sus pies sumergidos, le gritaron.
—Tómesela toda señor, fíjese que es transparente y fresca.
—¿No trajeron una botella? Esta agua no sirve para tomar.
—Mire aquel cartel Don. Este recodo es de agua de manantial, viene de lejos y es pura.
—¿Cuál cartel?
Los chicos se rieron a escondidas. El cartel estaba a no más de cinco metros y ese hombre parecía no verlo.
—Ahí dice que es agua pura. Calma la sed- dijo Aukan.
—Es que hay muchas pestes, capaz que ustedes están acostumbrados, pero tomar agua que no es potable a mi edad puede traer problemas—respondió Leo, mientras rodaban gotas de sudor por sus mejillas.
—¿Usted sabe leer? Acérquese al cartel y lea la letra pequeñita, ahí le explican mejor.
—Ustedes no saben porque son niños, pero está todo dicho. Todo sabido, seguro que ahí habla de que es un manantial y esas cosas, pero no hay como el agua que viene envasada.
—Pero lea primero—respondió con seguridad Nahuel-
El hombre carraspeó para luego decir-
—Sé leer, pero no traje los anteojos de ver de cerca .No es que me olvidé, yo ya no los uso porque soy viejo y ya aprendí todo lo que había que saber.
—Usted no tiene más sed—respondió Aukan.
—Sí que tengo, pero soy precavido. No tomaré esa agua que quien sabe por donde anduvo antes de ser parte del río.
Los niños lo miraron con asombro ,luego Nahuel, el mayor de los dos se aproximó al hombre y mirándolo a los ojos le respondió.
—¿Por dónde anduvo usted señor para perder la sed de aprender?
Luego, el niño tomó una cantimplora, la llenó de agua del río y la depositó a los pies del hombre…

lunes, 22 de octubre de 2018

Aves de fuego



Nosotros
tenemos
en el pecho
un ave
de fuego
cuya voz
se oye
desde lejos.
Ha de ser
su luz
una huella
iluminándonos
de recuerdos
cual si fuésemos
antiguos pájaros
camino al cielo.
Entretanto
esbozo
un poema
que la razón
desecha
a orillas
de un latido
empeñado
en ser lírica
de un atardecer
que cae
entre mis dedos.

martes, 16 de octubre de 2018

Oxido y cenizas

En tiempos
de óxido
la garganta
de las cenizas
rasguea
una arcaica
melodía
que enhebra
los huesos
de las serpientes.
En esa falacia
sobrevivo
a la tierra
siendo flor
de la mortandad.
En las noches
en que el saxo
se muere
muere el tiempo
y mato a una viola
para que renazca
la hazaña
de ser aire
en otro cuerpo.

sábado, 13 de octubre de 2018

No me rindo




No me rindo
como dijo el poeta
“aceptar el reto”
y descansar
 el día
en los viejos sueños.
No me rindo
aún en este tiempo
que finge
los silencios
en la estúpida voz
de corazones huecos
como la historia
de los pueblos
que hacen
de la desmemoria
la voz
de los cuervos.
Pero si por esas cosas
que tiene el camino
la pluma
y la vida
expirasen
sin remedio
sé que no me he rendido
porque supe habitar
la luz
de los versos
que se oponen
a los vacíos
que propone el viento.