martes, 13 de septiembre de 2016

Cavando hondo



En los mundos
de disfraz
no caben
cielos eternos.
Dime viajer@:
un verso
es una lágrima
bien sincera
o el poema
te develó
la trama
de la propia careta.




domingo, 11 de septiembre de 2016

Jugando al loco de a dos


Cierto día me encontré desempolvando viejos libros. La suma del polvo me dijo del tiempo que había pasado: un año. O sea, trescientos sesenta y cinco días y un sinnúmero de circunstancias.
Los quité de los estantes y con ojos viejos, pero con nueva mirada, repasé los títulos y aparecieron los tigres de Mompracem, y Fausto y Tartufo y Cuentos de amor , de locura y muerte y muchos otros que iba limpiando a medida de que se colaba en mi memoria algún personaje. Y me dejé enredar como si formasen parte de un pueblo imaginado y supuse que los relojes y el tiempo habían hecho un hito para encontrar en alguna esquina al Fausto chistando a Sandokán para “salvarlo” o a cualquier otro de este tiempo. Me puse pálida con el solo hecho de pensar de que los personajes personas viniesen a nuestro mundo real y nos enredasen en sus costumbres.
Senti los hilos de mis pensamientos moverse hacia arriba, claro que solo estaba el cielo raso y más allá la imaginación y más allá el hado y el misterio de las cosas.
De todas formas cuando alguien se acerca con un chistido para salvarme a cambio de lo único que me pertenece: mi alma, o mis pensamientos o mis ideas lo miro con desconfianza como si ese ser fuese un moderno Fausto, hay muchas formas de ser mitigado y yo soy una intuitiva nata. Y aunque cuando me miro en el espejo no me veo, desde donde estoy, florece mi amor por Oliveira y no fue ni es magia aunque me apodan la Maga…

sábado, 10 de septiembre de 2016

CONFIAR


Si tu vienes 
te he de prometer
cántaros de agua
y un pez.
Ven sin ver
yo te guiaré
confío a tus manos
el agua y el pez.
Él fue.
Las manos
fueron agua
y pez.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Margen


En el margen
del no tiempo
he soñado
el mundo
y el arte
con la liviandad
de la transparencia.
Un velado
retrato
en la ingenuidad
de la sangre
me recuerda
una niña
que jugaba
a la payana *
con las estrellas.
* La payana es un juego infantil que se practica con cinco piedras pequeñas u objetos similares, que consiste en ir tomándolas del suelo al tiempo que se arroja una de ellas al aire y se vuelve a tomar sin que caiga al piso.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Mutando entre destinos



Mutar es enterrar quien fuimos para ser otros, me dije en voz alta, mientras pasaba la barredora de memoria por el cerebro, más precisamente por las conexiones sinápticas que sostienen ese proceso.
Para renacer hay que olvidar, y antes del olvido de mí misma me puse un nombre, después de todo no está nada mal por empezar a nombrarme a mi antojo.
Así fue como debí convencer al espejo de que yo no era, dos en una, como las ofertas. Mi antigua memoria no está de promoción y menos que menos está de rebaja.
El punto álgido es que no contaba con que los demás seguían recordándome como la anterior y yo de ella poco sabía.
Cada día era más difícil, mis profesores ponían frente a mi  distintos libros para que les dijese si los recordaba. Hubiese dado la vuelta al mundo en ochenta días antes de atizar las conexiones que había barrido, porque si de algo me acordaba no se los diría.
Estaba consciente de no saber lo que alguna vez supe. En días posteriores, reconstruyeron mi Yo, sin mi anuencia. Es claro que ellos se resistían a mi mutación y así fue como los devoré en el sin sentido de las cosas y les cambié sus nombres y les discutí sus vidas hasta que abrieron mi jaula: es preferible un pájaro en constante mutación que una bandada en estado momificado, les grité, mientras los instaba a no creer en los espejismos…
Y así transcurro desde hace  tiempo, entre los dilemas que me recuerdan que soy yo misma mutando  y la balanza de la humanidad que tantas veces, mortifica.
Despliego mis colores fosforescentes a la vista de tantas jaulas de puertas abiertas que aún poseen mariposas dormidas y en algún lado del inconsciente se dibuja una oruga temerosa.
Sacudo mis alas y vuelo al ras de una letra viva…




Disparo al blanco


No hay mucho para perder ni tampoco para ganar, me digo, desde el anonimato. ¿A qué debería apuntar? ¿A quién o quiénes? ¿Desde cual ángulo, a qué altura estará la entrada, podré salir del laberinto y cuántos caerán a la vez?
Únicamente necesito hacer de cuenta de que ahí no estoy, una buena estrategia es concertar una cita con otro u otros y hasta mencionarlos antes del disparo final, si es posible decir que alguna vez ellos dijeron lo que nunca dijeron pero que alguien dijo que lo escuchó de buena fuente.
Por centésima vez trato de que no se note mi presencia, estoy yendo de polizón en este viaje, hormiguea en mi testa todo lo que no comprendo y también el arma. Algunos dicen que es mejor recortada, otros opinan que es mejor de un buen calibre para que el disparo final sea certero. El calibre veintidós no me gusta porque el veintidós es el loco/a y yo soy bien cuerda. Casi se me escapa el tiro antes de elegir el blanco, todos lo son: esa masa informe humana, esos fragmentos que componen un todo que no alcanzo a divisar. Es tiempo, es hora. Ya estoy lista, no creo en la mano alzada, prefiero lo de última generación aunque cueste trabajo.
Lo tengo en la mira, no quiero que sepa de mis autocríticas, ni siquiera de mis trances, tampoco de mis porfías. Los dolores mutan y una lágrima es todo lo que tengo entre estas puras líneas, esa que derrama historias que me tienen y no de protagonista.Y ahí estás, como yo, en el anonimato consolando cualquier día. Disparo al blanco … No hay mucho para perder ni tampoco para ganar, me digo, mientras autogestiono un nombre, un relato y la sangre en páginas escritas.

jueves, 1 de septiembre de 2016

El agujero


Camino cabizbaja por las calles de mi barrio. La hermosa libertad de saber que las casas permanecen allí ,donde mi memoria las dejó como testigos del paso relativo del tiempo. Digo relativo porque pocas cosas han cambiado: el agua potable aún no llegó, las cloacas siguen siendo un temita pendiente en la cartera de decisiones políticas y los postes de luz siguen faltando.
El hecho que me ocupa hoy es ese pozo, similar a un agujero sin fin, que está frente a la puerta de mi casa. Calculo que algún iluminado creyó que era un buen punto de partida para poner los caños de las cloacas, pero parece que la empresa encargada quebró y todo se detuvo hasta nuevo aviso. Yo espero no quebrarme una pierna al entrar a casa una noche cualquiera.
Ese agujero parece una trampa, un cazabobo o cazaboba o caza niños, o caza niñas, o caza personas. Me detengo a observar lo, en el fondo hay un poco de agua de lluvia; ayer llovió. El sol cae vertical, es mediodía.
Un día más de changas, trabajo fijo no hay. Me molesta ese agujero, me recuerda el agujero de mi estómago con ese caldo lavado, y también el agujero del corazón cuando me abandonó mi viejo. Quizá yo misma soy un agujero, y eso que veo es mi abismo. Claro que el sol da justo en el charco mugroso del pozo sin fin y parece que me refleja. Después de todo, uno es lo que ve. Me pongo de rodillas, el espejo de mi misma se rompió aquella vez en que pasé la noche afuera de casa y que es preferible olvidar. Ese mugroso charco. que se formó con la lluvia limpia, refleja mi cara de espanto.
Con cuidado voy a tapar ese abismo con la tierra que está en los costados. Cuando termine plantaré una flor, una margarita, Si, una margarita. Y la regaré a diario y crecerá, como crecen las ideas y también las circunstancias. Cuando nazca y sus pétalos blancos reluzcan, no la cortaré. No necesito averiguar si me quiere o no me quiere alguien, porque si crece es debido a que mi espejo mutó y ya no necesito preguntar más nada.