sábado, 17 de septiembre de 2016

Misterioso pueblo


Cuando me preguntan por ese pueblo normalmente me hago la distraída  para no responder o en su defecto cambio de tema.  No me gusta recordar cosas feas y los sucesos que acaecieron en ese pueblo costero que prefiero olvidar, están plagados de misterio. Para empezar la mayoría de los habitantes, cerca de dos mil, se reúnían en la plaza todos los días domingo. Confieso que la primera vez que acudí  a ese lugar tuve claustrofobia, a pesar de estar al aire libre. Me faltaba el aire, será que todos se conocían y la única forastera era yo, centro de atención y cuchicheo.
 Había ido a visitar a una prima lejana a quien no veía desde hacía más de treinta años. Ella me explicó que esa plaza era memorable, allí se armaban casamientos, parejas, noviazgos, traiciones, bautismos, padrinazgos, futuros negocios, etc.
Yo trataba de comprender el sentido del oxígeno, fue en vano: todas las miradas convergían a mí, inexorables. Entonces se me ocurrió echar a correr el rumor de que ese día era el día de los ojos muertos, en recordatorio de un santo poco conocido que hacía milagros con la vista de los enfermos. De más está decir que cientos se aproximaron con el objeto de que les diese más información, me sentí horrible. Así que les dije que rezasen por mi alma ya que les contaría secretos antiguos. En un santiamén, cerca de dos mil personas, o sea, todo el pueblo se acercó hacia donde estaba y hasta me dieron un micrófono para oír mejor mi voz. Juro que hubiese huido de allí, mi prima me miraba con devoción y sus amigos querían besar mis manos. Así que de un tirón dije unas palabras mágicas, algo así como que en tiempos de oscuridad hay que saber ver la belleza de las pequeñas cosas. Unos abuelos jubilados que estaban por allí me recordaron que aún no habían cobrado y que su dinero andaba de banco en banco sin saber ellos, adónde acudir para solucionarlo. Supe que no iba a resolver ningún problema, y así se los hice saber, pero agregué: en conmemoración del día de los ojos muertos hay que escuchar música y además oír el silencio. En unos segundos una banda de músicos, todos ellos adolescentes, hicieron una revolución melódica en la plaza. Todos acompañaban con palmas y yo aproveché para salir de ahí rápidamente. No me gusta ser centro de atención de ningún pueblo, menos este, que tiene fama de ser morada de muertos. Y si hay algo que aprendí es que, más acá o más allá, tenemos un final común y yo prefiero morir en los pueblos vivos de ojos abiertos, para eso hay que vivir y dejar vivir con los ojos puestos en los buenos sentimientos.
Mi prima me vio correr y corrió para preguntarme qué podíamos hacer con los jubilados que no cobraban y les dije que el santo de los ojos muertos solía hacer días de protesta los lunes. Después de todo, qué es sino estar vivo acordarse también de los que luchan por su supervivencia.
Luego de todo eso, parece que al pueblo se lo tragó la tierra, una de dos: o fueron abducidos sus habitantes por alguna nave espacial o creció tanto que cambió de nombre y es una gran ciudad que tampoco recuerdo. O habrá alguna otra razón que la historia no recuerda.


martes, 13 de septiembre de 2016

Cavando hondo



En los mundos
de disfraz
no caben
cielos eternos.
Dime viajer@:
un verso
es una lágrima
bien sincera
o el poema
te develó
la trama
de la propia careta.




domingo, 11 de septiembre de 2016

Jugando al loco de a dos


Cierto día me encontré desempolvando viejos libros. La suma del polvo me dijo del tiempo que había pasado: un año. O sea, trescientos sesenta y cinco días y un sinnúmero de circunstancias.
Los quité de los estantes y con ojos viejos, pero con nueva mirada, repasé los títulos y aparecieron los tigres de Mompracem, y Fausto y Tartufo y Cuentos de amor , de locura y muerte y muchos otros que iba limpiando a medida de que se colaba en mi memoria algún personaje. Y me dejé enredar como si formasen parte de un pueblo imaginado y supuse que los relojes y el tiempo habían hecho un hito para encontrar en alguna esquina al Fausto chistando a Sandokán para “salvarlo” o a cualquier otro de este tiempo. Me puse pálida con el solo hecho de pensar de que los personajes personas viniesen a nuestro mundo real y nos enredasen en sus costumbres.
Senti los hilos de mis pensamientos moverse hacia arriba, claro que solo estaba el cielo raso y más allá la imaginación y más allá el hado y el misterio de las cosas.
De todas formas cuando alguien se acerca con un chistido para salvarme a cambio de lo único que me pertenece: mi alma, o mis pensamientos o mis ideas lo miro con desconfianza como si ese ser fuese un moderno Fausto, hay muchas formas de ser mitigado y yo soy una intuitiva nata. Y aunque cuando me miro en el espejo no me veo, desde donde estoy, florece mi amor por Oliveira y no fue ni es magia aunque me apodan la Maga…

sábado, 10 de septiembre de 2016

CONFIAR


Si tu vienes 
te he de prometer
cántaros de agua
y un pez.
Ven sin ver
yo te guiaré
confío a tus manos
el agua y el pez.
Él fue.
Las manos
fueron agua
y pez.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Margen


En el margen
del no tiempo
he soñado
el mundo
y el arte
con la liviandad
de la transparencia.
Un velado
retrato
en la ingenuidad
de la sangre
me recuerda
una niña
que jugaba
a la payana *
con las estrellas.
* La payana es un juego infantil que se practica con cinco piedras pequeñas u objetos similares, que consiste en ir tomándolas del suelo al tiempo que se arroja una de ellas al aire y se vuelve a tomar sin que caiga al piso.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Mutando entre destinos



Mutar es enterrar quien fuimos para ser otros, me dije en voz alta, mientras pasaba la barredora de memoria por el cerebro, más precisamente por las conexiones sinápticas que sostienen ese proceso.
Para renacer hay que olvidar, y antes del olvido de mí misma me puse un nombre, después de todo no está nada mal por empezar a nombrarme a mi antojo.
Así fue como debí convencer al espejo de que yo no era, dos en una, como las ofertas. Mi antigua memoria no está de promoción y menos que menos está de rebaja.
El punto álgido es que no contaba con que los demás seguían recordándome como la anterior y yo de ella poco sabía.
Cada día era más difícil, mis profesores ponían frente a mi  distintos libros para que les dijese si los recordaba. Hubiese dado la vuelta al mundo en ochenta días antes de atizar las conexiones que había barrido, porque si de algo me acordaba no se los diría.
Estaba consciente de no saber lo que alguna vez supe. En días posteriores, reconstruyeron mi Yo, sin mi anuencia. Es claro que ellos se resistían a mi mutación y así fue como los devoré en el sin sentido de las cosas y les cambié sus nombres y les discutí sus vidas hasta que abrieron mi jaula: es preferible un pájaro en constante mutación que una bandada en estado momificado, les grité, mientras los instaba a no creer en los espejismos…
Y así transcurro desde hace  tiempo, entre los dilemas que me recuerdan que soy yo misma mutando  y la balanza de la humanidad que tantas veces, mortifica.
Despliego mis colores fosforescentes a la vista de tantas jaulas de puertas abiertas que aún poseen mariposas dormidas y en algún lado del inconsciente se dibuja una oruga temerosa.
Sacudo mis alas y vuelo al ras de una letra viva…




Disparo al blanco


No hay mucho para perder ni tampoco para ganar, me digo, desde el anonimato. ¿A qué debería apuntar? ¿A quién o quiénes? ¿Desde cual ángulo, a qué altura estará la entrada, podré salir del laberinto y cuántos caerán a la vez?
Únicamente necesito hacer de cuenta de que ahí no estoy, una buena estrategia es concertar una cita con otro u otros y hasta mencionarlos antes del disparo final, si es posible decir que alguna vez ellos dijeron lo que nunca dijeron pero que alguien dijo que lo escuchó de buena fuente.
Por centésima vez trato de que no se note mi presencia, estoy yendo de polizón en este viaje, hormiguea en mi testa todo lo que no comprendo y también el arma. Algunos dicen que es mejor recortada, otros opinan que es mejor de un buen calibre para que el disparo final sea certero. El calibre veintidós no me gusta porque el veintidós es el loco/a y yo soy bien cuerda. Casi se me escapa el tiro antes de elegir el blanco, todos lo son: esa masa informe humana, esos fragmentos que componen un todo que no alcanzo a divisar. Es tiempo, es hora. Ya estoy lista, no creo en la mano alzada, prefiero lo de última generación aunque cueste trabajo.
Lo tengo en la mira, no quiero que sepa de mis autocríticas, ni siquiera de mis trances, tampoco de mis porfías. Los dolores mutan y una lágrima es todo lo que tengo entre estas puras líneas, esa que derrama historias que me tienen y no de protagonista.Y ahí estás, como yo, en el anonimato consolando cualquier día. Disparo al blanco … No hay mucho para perder ni tampoco para ganar, me digo, mientras autogestiono un nombre, un relato y la sangre en páginas escritas.