Mirándonos
infinitos
nos supimos
eternos
sin serlo.
miércoles, 22 de mayo de 2019
miércoles, 12 de diciembre de 2018
La voz sin quiebres
Iba
la flor
por
la senda
de
sus sueños
con
los pétalos
de
miel
a
punto
de
florecer
y
fue la bestia
con
su instinto
de
hierro
quien
destruyó
la
inocencia.
La
poesía
a
veces
es
un verso inútil
en
el desierto
y
otras tantas
es
una lágrima
compartida
en
la voz
de
miles
que
despiertan…
sábado, 24 de noviembre de 2018
Un clásico con buñuelos y algo más
Hay muchas cosas que son clásicas, desde la
vestimenta hasta los postres o la música, pero cuando se habla del “clásico” del fútbol, uno sabe que se trata de Boca vs River.
Claro que desde pequeña mi padre me enseñó a ser hincha del
azulgrana, no obstante ello, recuerdo haber asistido a un clásico antiguo.
Aquella tarde que viene a mi memoria iríamos de
visita a la casa de mi abuela paterna, a lo de Doña Rosa, así era como la
nombraban en el barrio. Mis hermanos ya me habían dicho que ellos estarían
cerca de la capilla, y aunque me miraban con un dejo peleador, yo ni me inmuté. Nunca fue uno de mis paseos favoritos ir a la iglesia, aunque allí solían pasar
películas de Chaplin para los chicos, los días domingo. Yo prefería el fútbol. Así que como quien no quiere la cosa, les respondí “ Yo no voy a
estar ni cerca de la capilla”.
Preparé mis muñecas, y también mis agujas de tejer, con la última bufanda multicolor que estaba haciendo. Quería mostrarle a mi
abuela italiana los progresos que había hecho desde la última vez que nos
vimos. Aunque era diciembre y hacía mucho calor como para vestir a mis muñecas
con bufandas de lana, ella jamás detuvo mis ansias de aprender a tejer. Los
aprendizajes no tienen fecha de vencimiento. También puse en mi carterita
calada color rosa, un par de banderines que había pedido prestado al “colo”
Giménez.
Mi abuela "tana" era de Boca, yo lo sabía muy bien,
ella era una romana con todas las letras y siempre decía que ese Club había
sido creado por hijos de italianos allá por 1905, y aunque nadie la escuchaba
por el solo hecho de ser mujer, yo si la oía.
El caso es que el colorado Giménez sabiendo de mi
amor por mi abuela, le robó un par de banderines viejos a su padre y me los
llevó a la cancha Ferroviarios, el domingo anterior al clásico. Los puso entre
mis muñecas al tiempo que me decía”
Marianita están un poco rotos, no me los devuelvas. Los saqué del cajón de herramientas
de mi papá, no digas nada”. Yo los escondí entre las bufandas, hasta que al
llegar a mi casa, los miré con detalle.
Estaban bastante desflecados, así que en la semana los remendé como pude, los
planché con mi planchita de hierro y los doblé para llevárselos de regalo a Doña Rosa.
Después del almuerzo del domingo, salimos rumbo a su casa. Vivíamos
relativamente cerca, no más de siete cuadras.
Mi padre me alzó para que tocase tres veces la puerta con la manito de bronce. Mi tía abrió la puerta. Al cruzar la amplia galería colmada de malvones
rojos, comencé a sentir el olor a buñuelos
de manzana, mis preferidos.
Entramos en
la cocina, sobre la mesa había una gran fuente colmada de frituras redondas “Marianita
servite, y convidale a tus muñecas. Están flaquitas como vos” me dijo mi abuela,
al tiempo que me alzaba para que me sirviese uno.
Al costado de la gran mesa, estaban los bancos largos de
madera. Mis hermanos corrieron a lo largo de ellos para ir a sentarse
cerca de la radio. “No me tiren la capilla” dijo mi abuela en voz alta. Fue en
ese momento que supe que así le decían a las radios con forma de catedral.
Mi padre se sentó a tomar unos mates con mi abuelo,
y según dijo “Estaba muy tranquilo porque él era de “Los cuervos””. Mi abuelo
no sabía mucho de fútbol, pero era un clásico y había que escucharlo de boca
del “Gordo Muñoz” , uno de los mejores relatores de fútbol de la época.
Yo me senté en la falda de mi abuela y no solté mi
cartera hasta que fue necesario. Ocurrió en el momento del penal que cobraron a
favor de River, que la sentí temblar a ella. Me bajé de su falda, y corrí
hasta la radio, abrí mi cartera y saqué los dos banderines de Boca. Vestí la
radio de punta a punta, mientras mis hermanos no dejaban de preguntarme de
dónde los había sacado.
Pactos son pactos, así que con cara distraída les dije
que los había encontrado en un tacho de basura y que los había lavado y
planchado. No me creyeron mucho, pero no me
importó.
“Roma es Roma” dijo mi abu, al tiempo que sacaba un pañuelo bordado del bolsillo de su batón y haciéndole dos nudos, repetía “
Santo Pilato, si Roma no ataja el penal no te desato”.
Magia o lo
que sea, pero Roma el arquero de Boca le atajó el penal a Delem y mi abuela
saltó de alegría. Mi abuelo la miró, censurándola, pero ella, astuta le dijo. “
dai dai Dante, non vedi que la nena trajo los banderines para que gane Boca?
Luego de eso es poco lo que me acuerdo, solo sé que
la calle se inundó de fútbol y que la fuente de buñuelos vistió el barrio.
miércoles, 31 de octubre de 2018
Poesía para ir lejos
Caminamos
en
las espaldas
del
cielo
a
instancias
de
pájaros
que
gorjean
sus
silencios
como
la región
que
navega
en
el día
la
noche
de
las ideas
Y
es entonces
la
poesía
un
refugio
Y
una voz
que
se eleva
con
la libertad
en
la mano
lejos
muy
lejos
de
la indiferencia.
lunes, 29 de octubre de 2018
Narrado por mi-Infinitas gracias al programa Parnaso por el espacio que le han brindado a uno de mis cuentos. En el minuto 36 se puede ver. Gracias infinitas Zoelia Del Carmen Frómeta Machado
Infinitas gracias al programa Parnaso por el espacio que le han brindado a uno de mis cuentos. En el minuto 36 se puede ver. Gracias infinitas Zoelia Del Carmen Frómeta Machado
https://www.facebook.com/SistemaZacatecanoDeRadioyTelevision/videos/579894615777667/
martes, 16 de octubre de 2018
Oxido y cenizas
En tiempos
de óxido
la garganta
de las cenizas
rasguea
una arcaica
melodía
que enhebra
los huesos
de las serpientes.
En esa falacia
sobrevivo
a la tierra
siendo flor
de la mortandad.
En las noches
en que el saxo
se muere
muere el tiempo
y mato a una viola
para que renazca
la hazaña
de ser aire
en otro cuerpo.
de óxido
la garganta
de las cenizas
rasguea
una arcaica
melodía
que enhebra
los huesos
de las serpientes.
En esa falacia
sobrevivo
a la tierra
siendo flor
de la mortandad.
En las noches
en que el saxo
se muere
muere el tiempo
y mato a una viola
para que renazca
la hazaña
de ser aire
en otro cuerpo.
sábado, 13 de octubre de 2018
No me rindo
No
me rindo
como
dijo el poeta
“aceptar
el reto”
y
descansar
el día
en
los viejos sueños.
No
me rindo
aún
en este tiempo
que
finge
los
silencios
en
la estúpida voz
de
corazones huecos
como
la historia
de
los pueblos
que
hacen
de
la desmemoria
la
voz
de
los cuervos.
Pero
si por esas cosas
que
tiene el camino
la
pluma
y
la vida
expirasen
sin
remedio
sé
que no me he rendido
porque
supe habitar
la
luz
de
los versos
que
se oponen
a
los vacíos
que
propone el viento.
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