sábado, 6 de julio de 2013

Impaciencia


La impaciencia carcomía mi cerebro, de tanto en vez, con esfuerzo, lograba detener algún pensamiento para explorarlo. Aunque normalmente la impaciencia lo dejaba raído a la vera de otro pensamiento que, por supuesto, no culminaba su proceso pues el virus de la impaciencia lo destruía. Una especie de intranquilidad lingüística era el síntoma. Ese día de primavera, por error entré en la Galería. Allí estaba él. Algunos, a escondidas, le sacaban fotos o lo toqueteaban un poco. Por primera vez no me sentí impaciente. Él nunca se enteró de mi fortuita curación, tampoco creo que me hubiese escuchado. Me quedé a su lado hasta que la Galería cerró. Luego, ya en la calle, supe que había estado allí, pacientemente, por espacio de más de ocho horas. Un pestañeo de tiempo, pensé. Cuando le relaté lo sucedido a un amigo, me miró con gesto divertido, para luego agregar:
—¿Estuviste ocho horas al lado de una estatua?
—Por supuesto —le respondí, un tanto incómoda—. Al principio tuve palpitaciones, pero luego, me transporté a su tiempo y creo que viajamos juntos.
—Eso que te sucedió se denomina Síndrome de Stendhal.
Obvio que no era cualquier estatua, era el “David” de Michelangelo. La belleza cura la impaciencia. Mi amigo no pudo comprenderme. Hace pocos días me encontré con su esposa en el andén de la estación de la línea Cero. Charlamos de bueyes perdidos, del virus de la impaciencia y finalmente me contó que tenían programado un viaje a Grecia pues su esposo, mi amigo, deseaba conocer a la Venus de Milo…

jueves, 4 de julio de 2013

Máscaras


En la visión
menos desnuda
una máscara
de ser humano
prueba
los contornos
de la mar
hasta que el oleaje
es la voz aguda
que dedica
su memoria
a lo fugaz.

Maschere 

Nella visione 
meno nuda 
la maschera 

di un essere umano 
prova 
i contorni 
del mare 
fino a che l'ondosità 
è voce acuta 
che dedica 
la sua memoria 
alla fugacità.


Trad: Raffaele Serafino Caligiuri

miércoles, 3 de julio de 2013

Un gusto para el corazón – Ana Caliyuri & Ada Inés Lerner

Un gusto para el corazón – Ana Caliyuri & Ada Inés Lerner



Ella recordaba tiempos idos, tras la ventana. Sabía que hay cosas que no retornan y aunque sus nietos revoloteaban a su alrededor para animarla, igual se sentía triste. La nieta mayor tomó cartas en el asunto y se apareció ese lunes con un libro bajo el brazo. Marta sonrió al ver el título: “Un gusto para el corazón” rezaba el mismo; lo tomó entre sus manos y lo acarició, luego alzó la mirada y con un dejo de satisfacción le contó a su nieta la ruta de ese libro, del libro de fotos de su luna de miel, “cuando el abuelo era piloto de naves espaciales y volamos al planeta Venus, llamado así por la diosa romana del amor, de tipo rocoso y terrestre, y recorrimos múltiples estrellas, gestamos nuestros hijos y cuando regresamos los trillizos – tu papá y las tías – ya estaban en edad escolar”

domingo, 30 de junio de 2013

Pájaros embalsamados


El peor de los fallos es el engaño a sí mismo; ese fallo suele aletear en la inmovilidad por la falsía de su vuelo; porta las características de un pájaro embalsamado que brilla cual oropel encinto.
 A veces las almas, las personas, se cargan de sentires maquiavélicos, de glorias de papel, de enmascaradas envidias; sin embargo nadie huye por siempre de sí mismo y a costa de un cansancio extra para poder mantener colmado de pompas y carnavales su aleteo extinto, el profundo yo enfermizo se descuida y finalmente nos revela su horizonte comprado que no es otra cosa que un fariseo devenir, hijo de los espejismos. Hay otros caminos: son vías de afán, de escarpados andares, infernales a veces, angeladas en pocas ocasiones; son imprecisas sendas de pérdidas y extravíos,  pues no hay manera de evolucionar cuyo precio no sea perder una parte  de la propia vida.

Para mi subjetivo parecer el horizonte está en otras pupilas; lo veo en los sueños de los que llegan, en las ideas que elevan, en los sentires genuinos, en las palabras augustas o en las menos despreciables, en las más justas, en las más claras o menos indignas. Siempre elegimos hacia dónde caminamos ; particularmente siempre he preferido un paso nimio, aún en soledad, que un batir de palmas vacío.

viernes, 28 de junio de 2013

IMPALPABLE LLANTO


  • ¿A quién le importa
    el llanto
    de los pájaros
    en la mañana?
    Nadie
    los ha visto llorar.
    Nadie
    degrada
    sus tinieblas.
    Nadie
    comparte
    su espejo
    con un par de alas.
    ¿ A quién le importa
    la montaña
    de lágrimas,
    escarpada?
    Nadie
    ha hecho
    de esos ríos
    una ruta
    de importancia.
    Dime viajero:
    ¿ a quién le importa
    el llanto
    de los pájaros,
    Impalpable?

martes, 25 de junio de 2013

La venganza de Poe — Cristian Cano y Ana Caliyuri



Le aseguro que el fantasma de Poe me persigue. Se lo vengo mencionando seguido, pero él lo niega. Me pide tranquilidad y que abandone supuestas lecturas ligeras: me afirma que no tienen ningún beneficio. Me encuentro en su living mientras sirve café y reparo en las ideas Poe y ligeras. Es difícil remediar algo en el momento último. No me va a curar con unas horas más. Me acerco al balcón y miro el firmamento. La astronomía no es lo mío, pero el fantasma  se las ingenió para plantarme un telescopio allí. No diré que estoy a punto de dar en el blanco, tampoco que estoy próximo a un Eureka, pero hay algo que me alienta a ser feliz. .El edificio de enfrente tiene la clave.  La rubia del octavo apunta a mí y yo a ella. Finalmente cruzamos nuestros cuerpos celestes, brindamos con agua; ella es mi eternidad.

lunes, 24 de junio de 2013

FACTIBILIDADES


Es factible
el desencuentro
en el aire
propenso
a los misterios.
La fresca
controversia
de los añosos
ríos
que hasta el fondo
 de las luces
aproximan.
Es el júbilo
cual hechizo
del silencio
que hace
de las horas muertas

nuestros relojes vivos.