martes, 28 de agosto de 2018

Florecer


Cada uno
florece
elocuente
a la medida
de algún verso
o en el renacer
de cualquier sueño
pero, florece
porque hay algo
de febril
que se resiste
a morir
en esencia.
Cada uno florece
en el quebranto
del día
con un atardecer
en el corazón
y un alba
entre los dedos.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Ungidos con cenizas


La luna inerte.
Agujerean pájaros
ungidos
con versos libres
y se esfuman
los cuervos
tras bambalinas.
Nadie ha visto nada
todos han visto.
Según dicen
desde antaño
la ceguera
lleva su copa
de cenizas
aferrada
como emblema
de la injusticia.
Le temo
a los antiguos lutos
entre los vivos,
mas duerme tranquilamente
nadie ha visto nada
todos han visto…

lunes, 6 de agosto de 2018

domingo, 5 de agosto de 2018

Infinito soplo




En esta hora
de tiempos
evanescentes
soy fugitiva
del atardecer
y su nostalgia
abandonándome
a los sueños
de ojos abiertos
con la esperanza
de iluminarnos
entre metáforas.
Esas que traen
unen
e hilvanan
los sentires
que el corazón
en la insensatez
irradia.
En el arte
el infinito
es un soplo
de amor
y muerte
que renace
aferrándonos
a nuestro aire.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Lírica presente


Siento
la indignación
de los tiempos
que cuela
los fantasmas
en forma de justos
con cara de piedra
y se ríen los injustos
de las penas
que ellos siembran
a costa
de las lágrimas
y la intemperie
que nos dejan.
No nos hablen de tormentas
hay demasiados
atormentados
en la miseria.
Siento la indignación
de los tiempos
esa que no cabe
en el alma
porque duele.
Esta lírica
que sirve y no
con su presencia
me recuerda
que la poesía
suele develar
las tinieblas.

miércoles, 25 de julio de 2018

Desde la ventana


Desde la ventana
de la memoria,
la poca
que me dejaron,
sobrevuelan
los pensamientos
en forma
de cuervos
Y reniego
del statu quo
y de las lágrimas
en alerta.
Las sombras
quieren tomar cuerpos
y el sol
tarda demasiado
en aclarar
la noche
que se avecina…

martes, 24 de julio de 2018

La figurita difícil




Volví de Rusia desanimada, esto de simular un viaje que no realicé me recuerda al tiempo en que viajé a otros mundiales sin siquiera mover un dedo. Claro que vino a mi memoria México e incluso el Mundial en Estados Unidos.
En aquellos tiempos los goles eran enormes y colectivos y aunque la zurda la ponía Diego Maradona, yo sentía que estaba allí.
Mi padre decía que  no se puede ser arte y parte, yo le discutía que Maradona era ambas cosas, que mirase bien los goles y que algunos eran pura poesía.
Obviamente que tanto él como mis hermanos desestimaban mi postura por esto de no darle la razón a una niña.  La respuesta era “Marianita vos tenés pajaritos en la cabeza”. Hubiese querido desasnarlos y decirles que cada gol del 10 era un poema, y que los que hacen poesía siempre tienen pájaros en sus testas, pero prefería callarme.
De todas maneras, el Colo y Juan Cruz, mis vecinos de la cuadra, pensaban como yo. Diego llevaba arte  en los músculos de sus piernas capaces de doblegar a la cancha misma hasta hacerla a imagen y semejanza de la redonda. Todos lo sabíamos.
El caso es que ya  pasaron más de treinta años, y aún nos reunimos en mi casa para “El día del amigo”. El tema principal fue el Mundial de Rusia, hablamos de los croatas, los franceses, los rusos y hasta de la frustración que teníamos por no haber ido más lejos con nuestra selección.  Terminada la cena y como quien no quiere la cosa el  Colo y Juan Cruz extendieron sobre la mesa del comedor un álbum de figuritas y con la excusa de completarlo para los pibes del barrio, me dijeron “Marianita, falta la más difícil, a ver si te ponés las pilas y la conseguís”. Siempre tuve una gran energía, no necesito ponerme pila, pero sabía que conseguir la figurita de “La pulga” era casi como remontar un barrilete sin cola. Me dijeron que habían leído por internet  que en la esquina de Belgrano y 9 de Julio se reunirían el día jueves algunos pibes, para intercambiar figuritas. Sonreí. Ellos siguen pensando que soy la cómplice niña que ayuda a conseguir sus sueños, y yo no tenía ganas de discutir acerca de su visión de las cosas.
Aquella tarde que mi memoria recuerda, hacía tanto frío que mis manos dentro de los bolsillos de la campera permanecían tiesas a la espera de un poco de sangre que me recordase la calidez de la vida. Pero pactos son pactos, yo había prometido ir a esa esquina para el intercambio y si tenía un poco de suerte volver con la figurita de Messi, la difícil, la distinta, la escondida, la misteriosa. Yo llevaba una pila de más de treinta figuritas, entre ellas la de Ronaldo y Mbappé.
A unos diez metros de distancia vi la ronda de pibes, me acerqué. Me miraron con desconfianza, una mujer grande en esas cosas de niños despierta al menos un poco de curiosidad. Saqué mis manos de los bolsillos y les hice ver mi pila de figuritas, para luego preguntar si alguno tenía la de Messi. Uno de ellos alzó la mano y mirándome a los ojos me dijo “ Yo la tengo, pero la mía vale mucho, vale como 100 pesos” Me quedé descolocada por un instante, recordé a mi viejo, al potrero, a mi primer picadito entre nenas y varones y al valor que cada uno le da a las cosas. Así que le respondí “Lo admirás a Messi no?” El nene me miró con entusiasmo, y lleno de admiración respondió“ Es el mejor”. Claro, le dije, y agregué “ Yo conocí al mejor de la historia, al D10S” el pibe agrandó sus ojos hasta parecer del tamaño de dos botones gigantes. “En serio lo conoció a Maradona?” “Si, le dije, y jamás hubiese vendido su figurita ni por un millón de pesos”. El resto de los chicos me miraron con disgusto. “Pero Señora, así no nos va a querer vender la figurita” respondió el más alto de todos, con evidente fastidio. “Es que las pasiones no tienen precio, no se pueden comprar ni vender”.
Obviamente que volví con las manos vacías y el alma llena.  Pasé por el taller del Colo, le conté lo sucedido. Me miró con desconsuelo. “ Mariana te daba yo los 100 pesos, vos no entendes nada”. Con una triste sonrisa en los labios atiné a decirle “ El fútbol para mí siempre será poesía”. Pegué media vuelta para irme y al bajar el escalón, apoyé mal el pie y me torcí el tobillo, el Colo me asistió enseguida. Lo miré a los ojos “ Te acordás del tobillo hinchado de Diego en el partido contra Brasil en el Mundial 90?”. Asintió. A veces sobran las palabras.  En algún punto los grandes del fútbol nos abren las puertas  de sus decisiones para componer entre todos un  gran poema popular.
Con el átomo desinflamatorio que me dio el Colo para mi tobillo, me fui del taller cantando bajito, con mi álbum completo a cuestas y la figurita difícil apegada a mi memoria…