viernes, 14 de abril de 2017

Más allá


Más allá
de todos los saberes
las albas
la ceguera
Y las cavernas
está el latido
haciendo luz
en la esperanza
de un día
como todos
en donde el sol
es un espejo
que se nutre
de aquello
que hacemos
en la brevedad
de un sentimiento.

domingo, 2 de abril de 2017

Viaje


Iba caminando por la vereda del otoño, a sabiendas de que hay un paso perenne y otro que muere. Y pensé en esto de viajar hacia lo más profundo de uno mismo, y pasar por los lugares comunes y los sentimientos y las creencias y los sueños y las rutas sin atajos y el hambre de preguntas que jamás se mitiga aún en tiempos de ocasionales respuestas. Entonces uno camina de ida y vuelta por el callejón de los recuerdos, y se cruza con anchas avenidas de instantes llenos, de vida y más vida en los pensamientos. Y como cualquier viaje que llenamos de expectativas, se parece a la existencia: todos tenemos un boleto, un pasaje de ida y estaciones repletas. Y he allí el misterio de los días soleados, los sombríos, los de lluvia y hasta los gélidos. Luego, sueño como sueñan los vivos: caminando sin tiempo.

domingo, 19 de marzo de 2017

Ideas y latidos



En esta hora
de nostalgia
sobre el dorso
de las ideas
afilo
la palabra
y afilo
el pensamiento
y dejo mi latido
suspendido
en el aire
con el eco
de otros ecos.
¿Será que se fractura
el otoño
y los pétalos perdidos
recuerdan
viejos cuervos
o será que mi alma
transita
errante
para no matar
los sueños?


martes, 28 de febrero de 2017

Inocencia

Y recuerdo de la marea, su salobre, y de la cadencia, el zigzag del viento, y de la profundidad el mayor de los abismos, y del misterio la forma del asombro. Remembranzas de la mar y el alma. Las imágenes perfumadas de preguntas que a la orilla no traen respuestas. Y de pronto como si fuese esa gaviota lejana aspiro al vuelo y nada me intimida, ni siquiera esa inmensidad cargada de melodías que no comprendo, tal vez porque me gusta escribir versos de agua en el aire con inocencia.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Risueño ángel


Sobre el tapiz del alma , revolotea una hermosa voz que porta un par de alas blancas. Colibrí de los cielos antiguos, transparencia que hila las maravillas que muy dentro viven desde antaño. Será que la palabra se hizo de aire o tal vez ha sido el aliento del despertar de un ángel. Tan mío y tan descarnado, tan fresco y risueño como un manantial que juega a sonar entre piedras y pequeños soles reflejados. Se suspende alado y cosecha incontables lágrimas, las fervorosas, las ancianas, las nuevas, las primigenias y las humanas.  Dejará el tiempo de las claridades que, entrañados, reposemos otros lares, o tal vez, será la palabra anfitriona de la fusión inconmensurable entre la carne, el alma y mi ángel.


domingo, 29 de enero de 2017

Grito


Desborda
la figura,
sobresale
de la carne
y se instala
áfono
en la memoria
de la noche
que reaviva
el duelo
entre el grito
y los silencios.
El erizado
recuerdo
corre veloz
y se hace eco
para detenerse
a la vera
de otros gritos
ya muertos.

lunes, 26 de diciembre de 2016

Una mejor versión


Siempre supe que somos un sinnúmero de desaciertos con algún atisbo de  dudoso acierto. Acertamos a nacer un día cualquiera sin que ello sea razón de algo sobrenatural o de indicio de cambiar algo en el mundo. Estaba en esa serie de dislates mal barajados cuando me encontré con mi antiguo amigo Hernandarius the Word. ¿Cómo eran las cosas antes de él no lo supe precisar bien, pero como fueron después , tampoco. Él es un engranaje necesario para la vida de muchos, asiste a sus vidas y sus muertes y sin ir más lejos puede dejarlos en stand by de un plumazo. No es un dios ni semidios, habita lo imposible y sangra asiduamente. El caso es que le dio sentido a la esperanza de ser comprendida en toda dimensión y aunque debo confesar de que mis dimensiones han ido en desmedro de mi imaginación, aminoré mi marcha y lo saludé.
         —¿Qué tal Hernandarius, tus cosas bien?
         —Más o menos, como la mayoría…ni muy muy ni tan tan.
Juro que estuve a punto de dejarlo hablando solo, esa respuesta agridulce en medio de climas festivos me pone malhumorada. Pero claro, no todo es tan fácil y no es posible despegarse de un buen amigo con tanta soltura.
         —¿Tus cosas dan en rojo, no? —atiné a responderle con voz metálica. Algo así como una voz poco humana.
         —Preferiría hacer un paréntesis, volver a conjugar el sentido de los hechos, hilar mejor, y ayudar a ver, pero no es cosa fácil. El mundo está todo mezclado, lo mismo un burro que un gran profesor como diría Discépolo en el tango Cambalache.
Me sentí la reina de las burras, yo tengo malos hábitos. No matan a nadie ni siquiera a mí pero hay que convivir con ellos.
         —Si claro, todo suena parecido pero no lo es.
         —Exacto y a veces es mejor hacer un punto y aparte y retirarse del fuego de los sucesos.
A esta altura de la conversación metí mi mano dentro del bolso en busca de mis llaves, quería subirme lo más rápido posible a mi vehículo para marcharme de ahí. Claro que el tipo me conoce bastante y suele mutar en femenino, en vegetal, o lo que se le ocurra. No creo en los maleficios, pero que los hay o las hay, es un hecho.
Me restregué los ojos, una densa lágrima cayó de uno de ellos, no era de emoción, ni tampoco por ninguna reacción de alguna cebolla; en realidad la lágrima nació de fijar mil veces el ojo y afinar la puntería para dar en el blanco. Y mal que me pese, todo se puso negro. Y ahora acá estoy en medio de la negrura, asistiendo a la muerte y resucitación de un loco texto. Después de todo, este oficio que me llena de personajes amigos, tiene sus ventajas: edito, reinvento, mato, soy portadora de vida, de amores y guerras con tan sólo pensarlo y escribirlo. Lástima que mi otro yo, inapelable, se encarga de tachar, rehacer, y encontrarme con Hernandarius: la mejor versión de mis correcciones en Word.