domingo, 5 de octubre de 2014

De sueños e ilusiones


Tras el cristal de la vida suelen pasar mundos que son y no son míos, mi desafío es detenerlos.
Mi desafío es gobernarlos para comprenderlos. Uno suele adornarse de fantasías, de viejos y nuevos sueños, de condescendientes estrellas que no mueren, de alas que laten el aire de la ilusión más genuina.
Como la lluvia, se desgajan los mundos: los que habitan dentro y los que se cruzan con otros destinos.
Cuando algún bello sueño baja a tierra y se concretiza, se me ocurre contemplar el instante desde un ángulo distinto, para eternizarlo y mecerlo con el atavío del infinito. Luego, todo retorna a su habitual punto: el de nacer con algun nuevo anhelo para arrojarlo a las aguas de los desafíos.

jueves, 2 de octubre de 2014

Mañana esencial



¿Acaso
la neblina
esencial
hace del siglo
una oscura trama
del egoísmo?
¿Acaso
la voz
del alma
no contempla
el río
de la bondad?
Tal vez
mañana
después
del mañana
nos hallará
el abismo
o quizá
el vacío
donde la luz
y la sombra
luchan
por sus destinos.


Naufragio etéreo

En mi memoria desdibujada aparece una frase de Constancio C. Vigil : “Hay una especie de avaricia honrosa, y es la de las palabras.”

 Es imposible poseer todas las palabras, mas si así fuese, siempre las entregaría perfumadas con la fragancia que devela mi alma.
¿Desnudarnos? No es necesario, pues nunca me he vestido con ellas. Ellas llegan desnudas a mí, y así como han nacido, en el más puro manantial primigenio, así las amo. Siento que es un acto de amor entregarlas desmesuradamente.
Pues bien, a mi manera… déjate llevar por la cristalina luz que lentamente corroe la impureza, quédate a merced del tifón del preciado tesoro que goza con su entrega.
Así de simple gorjea el alma con la ribera de las constelaciones de la imperfecta lengua, esa lengua que socava con su lava los misteriosos resuellos de un perfecto ensueño.
Mas. quizá es bueno saber, que una ventana abierta jamás devela el universo, hay que ir más lejos…
Me sumerjo en las profundas aguas de los misterios. Desentrañar cada uno de ellos es el goteo necesario para rozar la mar y su eterno movimiento.
Todos somos en sí mismos un Merlín por descifrar o si prefieres trata de ver en mí la bravura de la mar y el remanso de las arenas, o compárame delirantemente con las espumas de las cuales nació Afrodita, o tan sólo piérdele el respeto a tus viejos ojos, ya casi ciegos, y envuélvete en las pupilas de un soplo intenso. Voluptuosa es la sensación cuando un chasquido de luna se apodera del deseo hasta colapsar con el reflejo de dos frente a un mismo cielo. Sin embargo ,el amor nace del absurdo, del vendaval azul inesperado que nos reconvierte. Luego somos orfebres del apocalipsis del cuerpo, algo así como morir en suspenso para renacer etéreos. La diferencia entre un juego y el magno sentimiento,es que en el juego el amor se adjetiva y en el magno sentimiento cobran vida los verbos. Derramar , azuzar, inspirar, expirar, paladear, sustentar, bramar, enervar, agonizar, acariciar, arrullar y tantísimos más para que el corazón con su río de fuego cruce todos los límites del cuerpo.


miércoles, 1 de octubre de 2014

El callejón sin salida

Camino por el borde de la cornisa del imponente edificio. Estoy dispuesta a asesinarlo, claro que no será cosa fácil matarlo y luego huir.
El Dr. Hollystone ha sido de gran ayuda, hasta hoy en que deberé aprender a no escucharlo. No es cosa fácil, él es un hombre convincente, pero estoy dispuesta a hacer caso omiso a sus recomendaciones.
Le tengo vértigo a las alturas y no obstante  ello, aquí estoy: agazapada como lince al acecho.
 Los transeúntes, al verme en la punta del rascacielos, alzaron sus testas. Seguramente parezco  un diminuto punto en el cielo mismo, aunque como ellos,  también yo transcurro inadvertida por este lar llamado Tierra.
 No alcanzo a distinguir sus delimitados cuerpos ocupando gran parte de la acera. Yo trato de extender mis confines. Los límites los he dejado a un costado de mi cuerpo. Alcanzo a divisar a través de los cristales de un inmenso ventanal  al Dr. Hollystone;  porta en sus manos un reloj antiguo que pende  de una cadena. Lo mueve de un lado a otro, me quiere hipnotizar.  Grita varias veces:
-         Artemisa, Artemisa, baja de ahí.
Me causa pena el Dr. Hollystone, tan empeñado en cuestiones del ego y el alter ego; aún no comprendió que soy un avatar. Ya hace mucho tiempo que la engullí a Artemisa, ahora voy por Apolo.


domingo, 28 de septiembre de 2014

¡Quién diría!



En la forma de la roca, el golpe de suerte del viento. ¡Quién diría! Tan semejante a las circunstancias que juegan en las existencias, día a día. ¡Quién diría! La fuerza que erosiona sin siquiera advertirlo; mas como la gota de agua que se repite al infinito, moldea la dureza, grabándola con ahínco. ¡Quién diría! Estos remolinos de la vida en la quietud de un blanco movible. Es hora de entrelazar el alma con la blandura posible. ¡Quién diría! Ahí soplan otros vientos hechos de sensiblerías. Hay un equilibrio frágil que balancea los más y los menos del propio infinito.

sábado, 27 de septiembre de 2014

Una ruta de terror / Una rotta di terrore- Carlos Enrique Saldívar & Ana Caliyuri


Mi rutina diaria, estando desempleado, es salir a comprar el periódico y los ingredientes para el desayuno, luego ir por los víveres para el almuerzo, después visitar la casa de mi enamorada. Pero desde hace unos días me sucede algo extraño: mis pies no quieren obedecerme e intentan conducirme a la pista. Esto me ha asustado, pero lo he atribuido a mis problemas profesionales. Sin embargo, hoy la cosa se ha puesto peor, mis extremidades inferiores me obligan a ir hacia la calzada, no puedo evitarlo. Transitan muchos automóviles. Apoyo el pie izquierdo sobre la cinta asfáltica, un soplo feroz  sobre la nuca empuja mi cerebro hacia un mundo enrojecido. Mis cavidades oculares no pueden sostener ambos globos. Asisto a mi propia ceguera. Tanteo la oscuridad, una fuerza superior permite que mi pie izquierdo retorne al punto de partida. La rutina es mi reaseguro: soy un hombre muerto.


Una rotta di terrore- Carlos Enrique Saldívar & Ana Caliyuri 

La mia routine giornaliera, essendo disoccupato, è uscire per comprare il giornale e gli ingredienti per la colazione, poi anche per andare a prelevare la spesa per il pranzo, dipoi visitare la casa della mia innamorata. Ma da alcuni giorni mi succede qualcosa di strano: i miei piedi non vogliono obbedirmi e cercano di condurrmi sulla strada. Tutto ciò mi ha spaventato, ma l'ho attribuito ai miei problemi professionali. Tuttavia, oggi la cosa si è messa al peggio, le mie estremità inferiori mi obbligano ad andare verso la carreggiata, non posso evitarlo. Transitano molte automobili. Appoggio il piede sinistro sul nastro d'asfalto e un soffio terribile sulla nuca mi spinge il cervello verso un mondo arrossato. Le mie orbite oculari non possono sostenere entrambi i globi. Assisto alla mia cecità. Soppeso l'oscurità, una forza superiore permette che il mio piede sinistro ritorni al punto di partenza. La routine è la mia riassicurazione: sono un uomo morto.

Trad: Raffaele Serafino Caligiuri