sábado, 22 de marzo de 2014

Ama de las claridades


Salpicaba la noche de sombras y era la luna ama de las claridades. Me detuve en su faz luminosa tras mi indomable periplo noctámbulo. Siempre es costosa la mirada cándida. La noche viva y el sol apagado: una, dos, o mil veces; no importa cuántas. Ya vacila el alma, duda, sangra; luego silencio y eternidad mundanos. Más tarde, un renacer otoñal salpica la noche de palabras y es la luna aún, ama de las claridades.

lunes, 17 de marzo de 2014

Buceo textual


Buceo en la anemia de algunas palabras, esas que no destiñen al corazón, esas que a fuerza de ser nimias pasan inadvertidas, esas que perecen en el intento de resplandecer en soledad. No verbalizan al mundo, no lo adjetivan, no lo embelesan, son poco menos que el polvo mismo. No nombran a nadie, no acentúan silogismos, son sólo términos que trabajan cooperativos. Lo más curioso es que hilvanados con soltura portan el perfume del texto mismo. Hoy, las amortiguo, las lanzo o las acaricio: son siluetas que apegadas a la piel del papel, respiran.

domingo, 16 de marzo de 2014

LA INTRIGA ( un pájaro de papel hecho a cuatro manos) “ En el bar de la esquina” microficciones – Ana Caliyuri & Cristian Cano




El texto se escapó de repente y así fue como se reveló inerme ante mí, ante nosotros: sus hacedores. Leernos en papel es parte de una intriga mayor: las manos del hacer versus el alma lectora. Me intriga saber qué diremos de este nuevo pájaro de papel, también aquello que no diremos, quienes nos acompañarán y quienes nos despellejarán en la esquina; me intriga la proyección de su silueta. Los que dirán: esperaba otra cosa o es más de lo que esperaba. La intriga mueve la fe del escritor, la fe en sí mismo y  también su “no retorno” cuando ya la letra quedó marcada. Me despierta curiosidad la intriga de mi compañero de letras, su visión angular, cóncava o convexa de nuestro lavoro; la expectativa y hasta lo improbable. Cuántas palabras habrán quedado en suspenso y cuántas hicieron el salto sin red tan necesario. Pero no me intriga el camino que el pájaro hizo mientras asimilábamos y conjugábamos las historias: ese pájaro fue altruista de cabo a rabo, de principio a fin y ello fue la más noble proyección de dos plumas esperanzadas. Los mundos mejores se hacen, no se declaman.

viernes, 14 de marzo de 2014

Una noche encopada y angelical - Ana Caliyuri & Guillermo Vidal



Todos esperaban la tormenta de Santa Rosa, parece ser que cuando todos los pueblos esperan esa señal tarde o temprano ocurre. El caso es que hace una semana que está lloviendo y los bares están repletos atendiendo parroquianos humedecidos y aburridos. Pero esta noche es diferente, han dejado en mis manos un llavero que dicen que posee una especial llave. Con ella se permite la entrada de los Angelus, nunca he visto a algún ángel de cerca es por esa razón que acepté el desafío de abrir el Bar de las nubes. Allí estaba la barra repleta de aludos diciendo groserías en lenguaje etéreo, lo que provocaba explosiones y ráfagas de viento que arrastraban los vasos y derribaban las mesas. Pero cuando se peleaban por las diferentes interpretaciones de un dogma la tormenta desatada llegaba hasta la tierra y llovía sin respiro, esa era la tormenta de Santa Rosa.

viernes, 7 de marzo de 2014

El principio del fin – Sergio Gaut vel Hartman & Ana Caliyuri

—Dame un inicio —dijo Gregorio señalando con el dedo a Juliana.
—No tengo —respondió ella—. Tengo un final. ¿Te sirve?
—¿Usar un final como principio? —Gregorio se rascó la oreja, la barba y luego la nariz. Era como si rascarse le sirviera para recuperar la inspiración enterrada en las cavernas de su cabeza.
—Eso dije. ¿Hablo en chino?
—Bueno, no discutamos, dámelo.
—Ya te lo di. Y si pasó de largo, lo siento.
—¿Vos lo decís por el día del Apocalipsis? De ahí sacaste el argumento para un final mal parido, o sea para un inicio nuevo —dijo él visiblemente malhumorado.
—Ya sabés todo fue un desquicio, prefiero no hablar de eso —respondió Juliana, mientras por el aire se propagaba una melodía muy conocida que ella comenzó a tararear.
Él dejó caer una lágrima, y luego otra y varias más.
—De acuerdo, Juliana, ya basta. Salgamos de aquí —le dijo mientras quitaba tierra de sus ojos, luego, escupiendo gusanos se enderezó en la tumba y comenzó a vociferar—: “Cantando al sol como la cigarra…”

miércoles, 5 de marzo de 2014

Charla en lo hondo — Cristian Cano y Ana Caliyuri



Ernesto, ¿por qué se acredita ese túnel oscurecido? Le aclaro que muchos sabemos de esa severidad, y no me refiero a la sentencia de una publicación: no digo del miedo, le pregunto por cierta pertenencia atroz que usted arrastra consigo. Sepa disculparme la curiosidad tan animal, de hecho no hay nada que me asombre ya. He conocido el salto ciego de la barbarie, el espectro común de los silenciados, la cueva de todos los males. Pero, hay algo de incómodo en su continuo machacar en la negrura.
—Suena lúgubre su comentario Alberto. No hay nada más tétrico que la curiosidad  estando inermes y bajo tierra. Hace tiempo que hemos muerto…
—Y entonces si estamos muertos ¿por qué se acredita ese túnel oscurecido?

—Tan sólo para alivianar otros pesos, de otros hombres que sí están vivos.