lunes, 20 de octubre de 2014

Pájaros fugitivos


En el envés de la huella, hay pájaros que gorjean melodías de nostálgica seña. Semejan voces de lluvia en falaz sequía entre ellos. Siempre se avizora la guerra y la paz y el perfume inextinguible de la ambición disfrazada de tierra fértil. Los pájaros como las musas son fugitivos del humano mísero, del humano que en el corazón talló volcánicas piedras. Mientras tanto, la palabra nacida de lo legítimo susurra temporales ciertos.

domingo, 19 de octubre de 2014

PALABRA A LA MAR /PAROLE AL MARE


En la última
luz
del día
una voz
se aproxima
como si el corazón
llamase
a las puertas
de la melancolía.
Una diadema
del pensamiento
corona
la noche
en el oleaje
marítimo.
Un faro
a lo lejos
una luz
próxima
para naufragar
en la sinrazón
de una palabra
a la mar
junto a otro latido.


PAROLE AL MARE
Nell'ultima
luce
del giorno
una voce 
s' avvicina
come se il cuore
chiamasse
alle porte
della malinconia.
Un diadema
del pensiero
incorona
la notte
nell'ondosità
marittima.
Un faro
in lontananza
una luce
prossima
per naufragare
nell'ingiustizia
di una parola
al mare
vicino ad un altro battito.

viernes, 17 de octubre de 2014

El arte de comprender

 John Speek era un niño aficionado en el arte de montar caballos. Una tarde de abril conoció el mal carácter de un pura sangre. Cayó pesadamente sobre una valla dispuesta allí para el circuito de salto. Sintió un fuerte dolor en su espalda, y creyó no sentir más las piernas. Luego de unos minutos, todo retornó a la normalidad y John, un tanto avergonzado por el espectáculo que lo había tenido por protagonista, escondió su rostro tras su padre. La familia decidió que el niño debía tomar clases de equitación. Su madre solía repetirle hasta el cansancio:
—John, tú puedes. Es cuestión de mentalizarte.
—Madre, no subiré más a un caballo…decía el niño por lo bajo.
Una noche en que estaban reunidos durante la cena, el niño dijo:
—¡Padre! Hoy no he saltado ninguna valla, pero dí muchisimas vueltas montado sobre un alazán hermoso.
Su padre, un hombre ocupado en el negocio inmobiliario, le devolvió una ausente sonrisa. Su madre en cambio, sentía henchidas las venas del orgullo. ¡John sería un gran jinete!
Como todas las tardes, salía John rumbo a las clases de equitación de la mano de Clarisa, la niñera.
Ella, demostraba alegría en su rostro cada vez que debía realizar tal tarea pues,sentía una fuerte atracción por Antonio, el encargado del Club, tal es así, que sólo reparaba en el niño a la hora de regreso. Así se sucedieron varios meses, hasta que la madre del niño decidió ver los avances de su primogénito. ¡Hoy le daré una gran sorpresa a mi niño! Es el momento indicado , pensó ella, pues John ama tanto los caballos que cada día relata con pelos y señales el aspecto de cada uno de ellos. La noche anterior, el niño visiblemente emocionado, le había dicho:
—Madre, que he montado uno blanco con pintas negras. ¡Corcovea y me aferro, ya no me caigo!
Ese comentario la impulsó definitivamente a concretar la idea de ir a verlo durante la clase junto al instructor. Esperó que Clarisa y el niño se fuesen rumbo al Club. Sorpresas, son sorpresas, se dijo a si misma. Tomó su auto y en cuestión de minutos, estuvo aparcando en el estacionamiento. Descendió del auto y con paso seguro se dirigió a la pista de equitación. Miró hacia un lado y otro, pero no divisó a John, tampoco a Clarisa. Una leve inquietud se apoderó de su cuerpo. Seguramente el profesor estará dando clases en otro lugar, pensó. Preguntó aquí y allí,acá y acullá, pero nadie había visto a John, ni a Clarisa ni al instructor.
Hizo esfuerzos por recordar el atuendo de su hijo, pantalón de montar, sweater color marrón y el infaltable casco de salto. La mirada pareció multiplicarse. Sin embargo, su hijo no estaba a la vista.
Una dulce melodía la condujo hacia uno de los salones del club. A John le gustaba la música, seguramente estaría alli. Recorrió los metros que la separaban del amplio salón con visible premura. Al entrar al lugar divisó a Clarisa, y un suspiro de alivio la recorrió enteramente. Luego, la voz alzada de su hijo John la sustrajo de los pensamientos.
—¡Madre! ¡Madre! ¡Mírame! ¡No me caigo! ¡Súbete conmigo!
La voz se perdía en el salón sin que ella pudiese reparar el lugar desde donde partía la voz. Ya la música dulzona, le comenzaba a molestar  los oídos, no obstante ello, volvió a escuchar.
—¡Madre! ¡Súbete!
Divisó el casco del niño, la sonrisa plena de felicidad y el corazón de Teresa latió apresurado. Observó con detenimiento las facciones de su niño, el gesto feliz de todo su cuerpo. Sin dudarlo, se aproximó a la plataforma giratoria y en un instante estuvo junto a él. La calesita siguió girando, esta vez, John había montado un caballo dorado con arabescos azules y rojos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

Memoria de un devenir




Cuando la mar
disuade
a la playa
y la moja
la revuelve
la extrae
y la deja
me pregunto
cuál es el cariz
de las ausencias.
Mañana
en el fondo
de lo ignorado
navegaremos
por el costal
del olvido
o tal vez
recogeremos
cantos de sirenas
como estrellas
que no mueren.


lunes, 13 de octubre de 2014

Esplendores y ocasos



Todos tenemos historias silentes, marchitas, distantes, memoriosas, inmemorables, graciosas,  saludables. Todos hemos portado el yerro entre las manos, los aciertos, las sombras, los clamores y algún espanto. Al romper la tarde, la noche nos habla cara a cara, la luz mitiga su dulzor y sólo cuenta el destello del alma. Al romper la noche, el alba es renacimiento que abraza; y así transcurrimos, siendo viajeros de esplendores y ocasos.

domingo, 12 de octubre de 2014

LIBRE DE GESTOS

Caramba! dijo Kelly fastidiada, mientras escribía en la pizarra, con tiza indeleble, el principio secular para un nuevo mundo: vive hoy; amad la naturaleza y a todos sus hijos. Ella provenía de una primitiva tribu urbana. Hinchó el pecho y mirando de lleno a los alumnos los instó a escribir derivaciones del principio madre. Mark, un pésimo alumno, a su manera, volvió a hacer la seña que tanto había incomodado a Kelly. La mujer era una seguidora a ultranza de los preceptos que había delineado un tal Jiums. El gesto del discípulo Mark no se condecía con el respeto debido, es más le hacía retorcer las tripas ese grosero ademán en franca alusión a una proposición de índole sexual: un círculo formado con el dedo índice y el pulgar mientras con el dedo índice de la otra mano apuntaba al centro imaginado del círculo. Kelly expulsó al alumno de la clase y prosiguió como si nada hubiese sucedido. A la semana siguiente, la mujer fue citada al despacho de Mister Jium. Se preparó para semejante ocasión con sumo esmero: ropas claras sin excesivos adornos, cabellos sueltos y calzado bajo. El reconocido filósofo moderno la esperaba sentado tras un lustroso escritorio, con un simple ademán la invitó a sentarse en la silla vacía que se hallaba frente a la ventana.
-Missis Kelly, lamento informarle que ha sido usted despedida.
La mujer no alcanzó a articular palabra cuando el Sr Jium se explayó diciéndole:
-Mark es mi mejor alumno. Usted osó echarlo de la clase en el momento de la revelación. En el justo instante en que él le decía que hay que perforar el centro del Universo con el pensamiento para poder parir un nuevo mundo.


sábado, 11 de octubre de 2014

Me hallarás- Poema del año 2006


Me hallarás, lo sé.
Cuando se despierte la noche
de su monótono sueño
para enredar sus lianas
de fulgores plateados
y aromas de cielo,
entornaré mis párpados
para ver bien dentro.
Y me hallarás, lo sé,
deshojando
los blancos y los negros,
desechando uno por uno
los viejos tapices
para colorear lo nuevo.
Abriré mis labios
para hablar sin tiempo
y me hallarás, lo sé,
entre los jazmines blancos
rociados de verbos
para recorrer tu yermo
y poblarlo de siempre.
En el haz imperceptible
del más bello suspiro
estará mi arco iris
de los siete sentidos.
Y si aún. al alba
no hallaste lo etéreo,
retorna a la noche
con tu propio universo
y me hallarás, lo sé,
mirando el horizonte
poblado de eterno.