martes, 15 de agosto de 2017

Versos invernales


Es invierno aún
y se queja
la muerte
de los días
y aguardan
los jardines
de colores
como propina
de los sueños
no cumplidos.
Es invierno aún
y me deleito
en el limbo
y su cadencia
con la poesía
como brindis
sensitivo.
Es invierno aún
y el horizonte
incomprendido
trueca almas
por apariencias
ensombrecidas
para morir
irremediable
a la vera
del sinsentido…

jueves, 20 de julio de 2017

Celebración

Celebramos la vida y la amistad cada día, pensé, mientras miraba la huella de los zapatos donde me encontré con los enigmas de los encuentros y desencuentros, con los retazos de camino acompañada por almas diferentes, y sonrío por todas aquellos hermosos signos que con el tiempo se afianzaron para establecerse mansos, sin más premisa que la de un lazo entre corazones sinceros. Me gusta celebrar la vida con un café, un abrazo, una carcajada, un paseo, un sueño, un debate, un libro, una canción, un viaje, todo ello asentado en el misterio de querernos porque si, porque así lo manda el latido entre las almas.

domingo, 16 de julio de 2017

Un poco de alter ego no viene nada mal


He leído acerca del Yo, el alter ego y esas cosas que de un modo u otro hacen de la vida un laberinto de enigmas. Y en literatura todo es posible, incluso cruzar barreras insospechadas. ¿Y qué es lo que interesa más allá de las grandes cosas y los grandes descubrimientos? Un segundo de gloria, un minuto de recuerdo para la eternidad, un pedacito de historia bien o mal contada, un engaño pequeño, pero a su vez colmado de sentimientos pasionales y hasta un cuento breve nacido de las ansias de estar donde millones han estado. ¿Y por qué no ser protagonista?
El caso es que aquel 22 de junio quise aliarme al mejor. Y me vestí de gala. Dicen que los sueños se construyen y luego se cumplen, y por qué o quiénes habrían de desestimar esa sublime capacidad que yo también poseo.
Eligieron vestirme de blanco y negro con algunos toques en rojo, tal vez porque el rojo es pasión y vende bien. El blanco es pureza y el negro tiene un toque de misterio sofisticado, sin contar que ya nada es natural y el artificio es, a modo sintético, hacer creer lo que no es.
No soy de padecer nervios, más allá de lo que sienten los que están a mi lado, quizá porque conozco las manos que se ciñen a mi cuerpo y hasta me besan con la dulzura los que creen que sin mí nada es posible. Y yo me dejo besar, y vuelo a la altura de los elegidos.
 Esa tarde me aferré al don del mejor y  en el minuto 55, empezando dentro del propio campo de juego, aliada  al más grande de todos los tiempos, sintiendo el vibrar de sus piernas poderosas, y el latir de su cuerpo sin piel, pura vena, pura sangre, eludimos  a cinco jugadores ingleses y sin titubear nos acercamos al área chica inglesa, y cuando todos creyeron que me iba a mandar al arco, Maradona se enfrentó al arquero Peter Shilton quien salió a cortar el avance, pero Diego supo que soy su ladero incondicional, y amagó (él pegado a mí), y con el arco a su disposición y casi cayéndose, me mandó  al fondo de la red. El estadio estalló de sorpresa y júbilo,  millones de televidentes en todo el planeta nos habían visto. Y quedamos inmortalizados en la voz del relator periodístico Víctor Hugo Morales, y le dijeron genio y por primera vez lo nombraron ¡Diegoooool!, y barrilete cósmico y le preguntaron de qué planeta había venido. Y yo de perfil bajo, dejé que el genio de todos los tiempos hablara, aunque sé muy bien que venimos del planeta de las pasiones y que sin mi presencia vestida de fiesta, diseñada de gala o de entrecasa, son solo humanos a la espera de que yo, con mi redondez, bese la cancha.




domingo, 9 de julio de 2017

Los guantes de lana


En pueblo chico todo se sabe, y en Darwin  se sabía muy bien que Abelardo Ríos era un hombre solidario, siempre dándole  una mano a quien la necesitase, y en la medida de lo posible , pasando desapercibido.
Los pibes del barrio en cuanto veían aparecer la  Rastrojero  color gris de Ríos, alzaban los brazos  en señal de saludo; es que Abelardo les había conseguido los seis postes ( cuatro cortos y dos largos)  para armar  los arcos del potrero, además de cargarlos en su vieja camioneta y trasladarlos.
Y así como así, en la madrugada del veinticinco de mayo, aprovechando la fecha patria, apenas clareó, Abelardo hizo los cuatro hoyos con la pala de punta para dejar bien plantados los postes. El travesaño de uno de los arcos quedó con una ligera panza, pero nadie reclamó nada, porque como reza un viejo dicho: “a caballo regalado no se le miran los dientes” y esa tarde, antes de la chocolateada con pasteles que servían en la escuela, se jugó el primero de los partidos con arco , aunque por esas cosas del destino nadie hizo el gol del estreno. Tal vez, porque la adrenalina de los arqueros fue superior al mismísimo gol.
Víctor, el padre de Fernandito, el hijo de Lesá, quiso ir más lejos y dijo: “ hay que marcar la cancha” y a las pocas horas, ya todos en el pueblo hablaban del tema y de que sería bueno hacerlo con cal como habían hecho en Trelew, y justo por esas casualidades que no vale la pena profundizar, Abelardo estaba haciendo una changa en lo de Irma Escarpelo, pintando un galpón de blanco.
Irma no había tenido hijos, y tenía especial cariño por mí, quizá porque era la única niña de la cuadra o porque le hacía vestiditos a mis muñecas y como ella era modista se sentía identificada.  Como sea, todos sabían de su predilección, por eso los pibes del potrero me esperaron a la salida de la escuela y fue el Chueco Ramos el que me dijo: “"Marianita tenés que ir a lo de Irma y pedirle un poco de cal para marcar la cancha”. Me quedé patitiesa por un instante, luego lo pensé bien y les respondí que a cambio de eso quería ser arquero por un ratito, y ellos asintieron.
A la tarde visité a Irma, cosimos juntas un par de vestidos para mis muñecas y cuando estaba por irme. largué el pedido, sin detenerme: “Irma los chicos quieren marcar la cancha, y si a usted le sobra un poco de pintura y si quiere y si le parece bien, lo que le sobre ¿lo podría regalar?  Y me miró asombrada, antes de decirme: “¿Marianita vos jugás al futbol?” y yo no le iba a responder que no me dejaban ni nada de eso , así que le hablé de mis muñecas bailarinas al costado de la cancha y de todas esas cosas que yo llevaba los domingos para amenizar el partido.  
Al día siguiente, apareció Irma con una bolsa con cal y la dejó al pie de uno de los postes. Y yo fui la primera en saltar de contenta. Hacía demasiado frío, así que fui por mis guantes de lana, y como tratos son tratos, me presenté en la cancha. Todos me miraron con sorpresa, y  fue el colorado Giménez quien avanzó tres pasos y ya frente a frente, me dijo: “ Marianita te olvidaste de pedirle la regadera a Irma”.  Y ahí me explicaron que Victor marcaría la cancha con una regadera de zinc, llenándola de pintura , pero sacándole la flor superior, porque de esa forma saldría un chorro justo y parejo. Y la verdad, me dio vergüenza volver a lo de Irma para seguir pidiéndole cosas, así que aproveché el momento en que Abelardo la llevó en el Rastrojero a Trelew para ir al médico, y robé la regadera por un rato. Fui corriendo a la casa de Víctor y le dije que Irma la necesitaba enseguida. Apresurado, preparó la cal y se dispuso a marcar la cancha. Y como decía mi abuela, la marcó a ojo de buen cubero, sin ningún objeto de medición.  Eso no hubiese sido nada, el problema fue que me olvidé de enjuagarla bien al momento de  devolverla a su sitio. 
Fue muy feo mi sentir, porque cuando apareció Irma en el potrero quejándose porque le habian estropeado su regadera con cal, todos querían saber quién había sido el que la había robado. Lloré con amargura tras una planta de piquillín, mientras espiaba los sucesos. Para mi sorpresa, me salvó el colorado Giménez haciéndose cargo del robo circunstancial y le dieron de penitencia lavar la regadera hasta dejarla lustrosa. Nunca se volvió a hablar del tema.

No debería confesarlo, pero hasta el día de hoy guardo mis guantes de lana , por si acaso en algún momento, en algún lugar del mundo, necesiten por un ratito,una vetusta mujer con ganas de ser arquero…

sábado, 8 de julio de 2017

L@s poet@s



L@s poet@s
soltamos
amarras
en las vertebras
de una poesía
que breve
dilata
el latido
Y busca
siempre busca
 la inmensidad
de un corazón
que la complete.


jueves, 6 de julio de 2017

Paladas

Paladas- Ana Caliyuri
"No podía quedar a mitad de camino entre la creación y el hechizo. En ese cosmos, es factible enlazar aquello que está hoy disperso, pero que en verdad siempre estuvo unido" dijo ella con voz grave mientras encendía su pc. Luego, irreverente, desempolvó la apariencia de los siglos y en el vano margen del absurdo abrió el libro amarillento en su página 62 y se fugó con los versos finales de “La vida humana” de Paladas de Alejandría: “Pero todos después, todos por último/abordamos, no obstante, en sólo un puerto./del seno de la tierra en lo profundo.” Advertida, sólo intentó convencer al mundo que no hay carpe diem que te salve de ser extinto.
Palade - Ana Caliyuri
Non poteva rimanere di passaggio a metà tra la creazione e l'incantesimo. In quel cosmo è fattibile allacciare quello che è oggi disperso, ma che in realtà sempre stette unito, ella disse con voce grave mentre infiammava il suo animo. Dopo, irriverente, spolverò l'apparenza dei secoli e nel vano margine dell'assurdo aprì il libro giallognolo nella sua pagina 62 e fuggì coi versi finali di "La vita umana" di Palade di Alessandria: "Ma tutti dopo, tutti infine / approdiamo, tuttavia, in solo un porto. / del seno della terra nella profonda." Notata, cercò solo di convincere il mondo che non c'è un carpe diem che ti salvi di esserti estinto.