miércoles, 20 de septiembre de 2017

Claroscuros


La pena imperante que sobresalta la Tierra o el desplome de la Tierra causando la pena. La  esperanza que no basta para resucitar las canciones que bebe la muerte. Se multiplican las manos cuando suena el suelo, o cuando envilecido se aproxima el océano  y se dividen las lágrimas entre las almas caducas para amortiguar el llanto que cae, tristemente. Y miro la lluvia y su afligido acento: las calles mojadas, los rostros cimbreantes, el ánimo perplejo. Y no dejo de pensar en  las pupilas de la vida con sus claroscuros en espejo.


Poesias leídas en escuela pública

Las poesias leídas hoy en la Escuela pública donde asisten mis nietos: una es del libro Sol de otoño/Sole d`autunno (2010) y otra es del libro Palabras/Parole (2009) Las comparto.
VIRTUDES Y HARAPOS
Cuando la luna
aguada
y serena
se instala
en la esquina
del altanero pueblo
un hombre
harapiento
lee las estrellas.
Sus pupilas
dilatadas
trocan
semillas
por deformes espejos.
Ni es jóven ni es viejo
y con sus manos
delinea
historias de chacales
y de amores ajenos.
Y nadie lo escucha.
es todo silencio
sin embargo él
danza con el firmamento.
Y su paso no existe
su sueño se ha muerto
mas el hombre virtuoso
con su voz quebrada
le canta a ninguno
acurrucado y solo
en la espalda del tiempo.
Y la luna se apaga
cerrando la noche
de todo mi pueblo.
Siento en mi corazón
un feroz aguacero:
un pájaro herido
ha sangrado en mi sueño.
JAZMÍN BLANCO
Jazmín blanco.
Aroma exquisito
sensual, delicado.
Impregnada noche
de sutil embriago.
Tropelía femenina
esconde la mano
a la luz de la luna
lo arranca del tallo.
Queda solo el tallo
sin el jazmín blanco.
Frágil jazmín blanco
sensual, delicado
no alcanza el rocío
ni lluvia de campo
ni néctar prestado
que le devuelva
su encanto.
Se ha marchitado.
Al llegar el alba
el solitario tallo
agoniza de dolor
sin el jazmín blanco.
Tropelía femenina
esconde su mano
a la luz de la luna
robando encantos.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Marianita Pierluggi

Marianita Pierluggi

Si  me preguntasen por aquel día de julio en la cancha Fraternidad en la que se jugó el primero de los mixtos, no tendría más remedio que mentir. Por eso de que lo que no se cuenta en su momento, no figura en la memoria de los hechos, y nadie me creería hoy día, si cambiase el curso de los acontecimientos. Como sea, escribir es un acto del inconsciente y no tienen porqué ser hechos fidedignos, o sí.
Estaba yo aquella tarde invernal, al costado de la cancha, la que daba a la fila de álamos, preparando mis muñecas porristas para el partido que comenzaría a las quince horas. Se consideraba que era un encuentro importante frente a los Sacachispas de la Estación, porque el ganador tendría chances de jugar el Campeonato barrial de las Sierras. Ese era un campeonato importante, porque el premio consistía en los botines para los ganadores. Y todos estaban entusiasmados con la idea de ganarlo, porque según decían, los botines eran mejor que las zapatillas, por el agarre, y aunque muchos de los padres de los pibes no estaban de acuerdo porque eran duros y ocasionaban cayos, ampollas  y otros peligros, igualmente todos querían ganarlo. 
Como les contaba, estaba yo en mis menesteres con las muñecas, previo al encuentro, cuando escuché un gran revuelo: corridas, gritos y un semicírculo alrededor de alguien que estaba tirado en el piso. Las piernas rígidas. Por las medias rayadas creí que era uno de mis hermanos, me asusté mucho, pero después me di cuenta que todos tenían las mismas medias. Me aproximé lo más que pude y vi que el Colorado Giménez estaba como muerto, que el aguatero llegó corriendo y le mojó la cara y que  abrió los ojos y se tocó la cabeza.. La madre lo abrazó y como se sentía mareado se lo llevó a la sala de primeros auxilios. Lo que había sucedido es que el equipo de mis hermanos estaba practicando hacer goles de cabeza  y el colorado Giménez no vio a Fernandito o viceversa, y ambos fueron a dividir una pelota aérea, y chocaron fuerte. Fernandito siempre fue medio cabeza dura  y aunque le dolió la testa , se recuperó enseguida.
Todo hubiese sido como otras veces, en que se reemplazaba a un jugador por otro, pero ese memorable día no había reemplazos. Una epidemia de sarampión los había dejado en cama a varios integrantes del equipo.  Yo siempre supe que las oportunidades llegan, y sólo hay que tener paciencia para esperarlas. Y ese día, tuve mi ocasión. El técnico, el padre de Julián, me miró fijo a los ojos para decirme:
                   —Marianita hoy te toca hacer de arquero.
No entiendo mucho de oportunidades, ni ahora ni antes, pero si sé que no hay que negarse a ellas.
                    — ¿Y qué hago con mis muñecas porristas? ——  pregunté consternada.                                            
—Las cuida Marta, la hermana de Fernandito. —dijo el técnico mientras me daba la camiseta del equipo.
Y esa tarde tuve tanta claridad que el arco se amoldó a la medida de mis deseos, y creáse o no, la pelota no pudo entrar. Al finalizar el partido, me llevaron en andas hasta el costado de la cancha para depositarme junto a mis muñecas porristas, y el resto del equipo dio la vuelta victoriosa  porque Fernandito anotó el gol de cabeza al minuto ochenta y nueve.

Como sea, lo único que me preocupó un poco es que en las anotaciones del plantel pusieron, arquero: Mariano Pierluggi y aunque pedí muchas veces que lo corrigiesen, hasta el día de hoy está mal escrito. Pero ya no me aflige, porque existe una niña dentro mío que persevera y aunque han pasado más de cincuenta años he aquí la oportunidad de resarcirme: equipo mixto, arquero Marianita Pierluggi, he dicho.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Monólogo




En el envés
del tiempo
hubo mares rojos
y también silencio.
Nada más triste
que retornar
la vista
a los ojos ciegos
Y fuera de nosotros
ver danzar
entre sombras
a la indiferencia.
Necesito soñar
que todo es un mal sueño
Y que despertarán
los dormidos
antes de ser polvo

antes de ser miedo.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Había una vez/C'era una volta


Había una vez
una jaula
en donde
los pensamientos
dormían
a la vera
de los cerrojos
y los pájaros
que allí vivían
de tanto ver
el aire
supusieron
no ser esclavos…
Luego, los cerrojos
se abrieron
pero los pensamientos
necesitaban
la maledetta jaula.


C'era una volta
c'era una volta
una gabbia
dove 
i pensieri
dormivano
chiusi con catenacci.
Ma gli uccelli
che viveno li,
ogni tanto
vedevano
l'aria
per non sentirsi schiavi.
Poi i catenacci
si sono aperti,
però i pensieri
volevano
la maledetta gabbia.

lunes, 28 de agosto de 2017

Cuestión de actitud



“Todo es una cuestión de actitud”, dijo el padre de Julián, y  los pibes lo miraron con disgusto.   Bernardo, mi mejor amigo, se puso colorado como un tomate, así decía mi abuela cuando los cachetes de la cara enrojecían como síntoma de pudor o vergüenza, y le vi asomar la primera lágrima.  Y quise sacarlo del mal momento, distraerlo un poco, entonces abrí mi carterita  para sacar mis cuatro muñecas porristas y clavarlas como estacas al costado del arco, mientras le decía: “dale ponéte la camiseta nueva”. Pero Bernardo,  con la voz  entrecortada por la angustia, me respondió:
         —Yo no me la voy a poner.
Julio Fernández , el utilero del Club,  que andaba por ahí dando vueltas, vio que  mi amigo lloraba y se acercó para abrazarlo  con ternura y le dijo algo al oído, algo que yo no pude escuchar; seguramente era cosa de varones.
Entretanto, el “Colo”, Juanchi y Pérez,  tuvieron la idea de ir hacia donde estaban los organizadores del Campeonato barrial, para pedir autorización y poder  jugar sin camiseta identificadora, pero volvieron protestando y sin el permiso. Y ahí fue cuando se armó el lío.  Fernandito, el nieto de Lesá, miró la camiseta y aunque la dio vuelta del lado del revés, finalmente claudicó y la colocó sobre el banco de madera ,a la vez que en voz alta decía: “ nonono  yo no la voy a usar…”
Lorenzo, el padre de Julián que hacía de  técnico del equipo ,se preocupó mucho al ver que,  poco a poco,  los pibes se sentaban al costado de la cancha en franca actitud de: “yo no juego.”
Todo había empezado el domingo anterior. Resulta que la “Gomería el chueco”, como sponsor del equipo “ Los gurrumines”, le regaló camisetas nuevas a los pibes.  Todo fue una gran alegría cuando se apareció Fermín, el dueño de la gomería, con el regalo bajo el brazo. Eran de color violeta con rayas blancas y los números en color negro.  Ese día fue un partido a puro barro porque no cesó de llover y las pobres camisetas quedaron irreconocibles. Y ahí fue cuando apareció Marcela , la madre del Colo, para decir:
         —Me compré lavarropas nuevo, yo las llevo para lavar.
Cristina, la madre de Bernardo, era la que siempre las  lavaba  y lo hacía a mano. Las dejaba impecables y era la encargada de llevarlas limpias y planchadas cada domingo;  y justo ahora que eran nuevas aparecía Marcela para quitarle el puesto de lavadora oficial. Fue tal la discusión que se armó que decidieron  tirar una moneda al aire , a cara o cruz, y ganó Marcela. El caso es que con cara de ganadora,  puso las camisetas en una bolsa grande, al tiempo que decía que no se preocupasen por nada,  que quedarían hermosas porque el lavarropas nuevo tenía un programa de lavado profundo.
Cristina  se retiró cabizbaja, pero a su vez, expectante. Si todo iba bien, podría ahorrar para comprar un lavarropas nuevo, y así se podría turnar  en la tarea de lavar las camisetas cada semana. Pero nada en la vida es seguro, ni siquiera el programado del artefacto electrodoméstico, y no se supo bien si Marcela no leyó  el manual de uso o no supo cómo regular la temperatura del agua , pero  las rayas y el violeta de las camisetas se fundieron hasta lograr un color rosa viejo. Y claro, se notaba que decía “Gomería el chueco” pero también era evidente que habían desteñido, y por esas cosas de esos tiempos y de pueblo chico, de rosa solo se vestían las nenas como yo. Y aunque el padre de Julián hablaba de actitud no lograba convencer al equipo para que las usasen. También la vi llorar a Marcela atrás de los baños de la cancha, y a Cristina decir que,  nada mejor que lavar a mano la ropa de los chicos.
Pero el fútbol tiene una magia que  no es fácil de explicar y llegó Rolo, el padre de Sebas, electricista, y le dijo algo al oído al árbitro y el partido  demoró su inicio unos quince minutos.
Las ideas son ideas, dijo a quien quiso escucharlo esa tarde, y si bien las camisetas parecían pieles de cebras, poco quedó del rosa viejo y se multiplicaron las rayas negras. Se comentaba que había gastado como diez rollos de cinta aisladora en la transformación de las camisetas y hasta alguno deslizó la idea de  hacer una colecta para reponer las cintas, pero Rolo no quiso.  Y todos hablaron de la actitud desinteresada del padre de Sebas y de cómo resolvió el inconveniente en diez minutos.
Por suerte, el dueño de la Gomería prometió comprarles  nuevas y todos en paz, menos yo que al ver el despliegue que hubo por una simple desteñida, me quejé, y le dije al padre de Julián que mis muñecas porristas necesitarían ropa nueva y un juego de peluquería para peinarlas para el próximo partido ,porque también se habían embarrado el domingo anterior.
Él, sonriente y acariciando mis trenzas, me respondió:

         —Marianita por ahora no hay fondos para comprar esas cosas que pedís, pero ya te va a tocar…


Y nunca me tocó, pero la verdad es que  a esta altura no me importa demasiado, porque ya hace décadas que mis muñecas porristas no asisten a los partidos…

martes, 15 de agosto de 2017

Versos invernales


Es invierno aún
y se queja
la muerte
de los días
y aguardan
los jardines
de colores
como propina
de los sueños
no cumplidos.
Es invierno aún
y me deleito
en el limbo
y su cadencia
con la poesía
como brindis
sensitivo.
Es invierno aún
y el horizonte
incomprendido
trueca almas
por apariencias
ensombrecidas
para morir
irremediable
a la vera
del sinsentido…