viernes, 12 de diciembre de 2014

Ella

¿Casualidad? La casualidad no existe, decía él. Sin embargo, la cruzaba a ella con asiduidad; cuando estaba de pesca, en el parque, en la acera, a la salida del trabajo, en la entrada del edificio. El caso fue que a pesar de querer esquivarla y de tomar todos los recaudos, una tarde de abril se encontraron. En el vecindario no la soportan, pero en verdad yo la conozco muy bien, decía él. Conozco su carácter, sus hábitos y hasta los detalles instintivos… No fue la única vez que nos encontramos, fueron varias veces. A veces resisto sus embates y otras veces me deja exhausto. En el último encuentro que tuvimos casi me “amazza”. Algo debo hacer, pensó él. Sin consultar a nadie, entró en la farmacia, solicitó lo que necesitaba y ya con ello en el bolsillo se sintió más tranquilo. Al llegar a su casa, su esposa lo notó ojeroso y demacrado. Se acercó a su rostro, lo miró con detenimiento y luego lo abrazó. El visiblemente consternado por la preocupación de su esposa sólo atinó a decir: no te preocupes amor, ya pasé por la farmacia y me compré un antihistamínico. La próxima vez que alguna abeja desgraciada esté merodeando para picarme tendré la medicación a mano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario